Editorial: La Reconcentración de Rubio

Por Consejo Editorial de la Joven Cuba

La apuesta es por la crisis humanitaria. Escasez, hambre, cero combustible, imposibilidad de sostener la vida. Esa es la estrategia para impulsar un cambio de régimen en Cuba, imitando el sentido de castigo colectivo que ya fue una vez la reconcentración de Weyler. Avivadas las críticas de sus seguidores porque no acaba de pasar nada con la Isla después de tantas promesas, Marco Rubio genera noticia con un nuevo documento donde asegura que Cuba es la capital del comunismo del siglo XXI, cuya revolución fue contra Estados Unidos y la civilización occidental. 

Cuba: The Capital of 21st Century Communism, en sus cien páginas, sostiene entre otras cosas que parecen salidas de una mente inestable, que la influencia cubana abarca desde los Panteras Negras y Weather Underground hasta Antifa, sindicatos, universidades, colectivos contra el ICE y movimientos antirracistas; y que incluso está detrás de las protestas posteriores al asesinato de George Floyd.

La publicación de este informe por el Departamento de Estado es un sello a la suma de acciones políticas que persiguen justificar una probable intervención militar en el país, como lo han filtrado en no pocas ocasiones a medios estadounidenses. Es por tanto una pieza clave de la estructura de permiso que desde el 3 de enero a la fecha ha ido generándose con alusiones a Cuba en respuestas de Donald Trump a la prensa, declaraciones de Rubio, u opiniones de fuentes anónimas.

En lo que concierne a esos modos de justificar un ataque al país, partiendo de que es una amenaza para la seguridad nacional norteamericana a pesar de su «debilidad material» —como afirma el Cuba: The Capital…— queda poco más por invocar como pretexto, cuando ya toda acción de la izquierda mundial, considerada malévola y terrorista, es achacada a Cuba. 

Desde inicios de año la política de Marco Rubio ha sido aplicar la teoría del último empujón: una sanción más, un poco de hambre más, un tiempo más para que no entre combustible. Así como la política de sacrificarnos a todos la hemos vivido la mayoría de la gente, ¿qué podría hacernos creer que con una acción militar sería distinto? 

El autoritarismo en Cuba no será desmontado por un gobierno estadounidense cada vez más autoritario. La democracia no llegará de la mano de una administración que erosiona sus propias instituciones democráticas. Y las libertades ausentes en Cuba no las traerán quienes promueven quitarle el voto a las mujeres, intentan criminalizar cualquier postura diferente a la de ellos, y encarcelan a personas migrantes sin debido proceso.

Mucho menos se puede soñar con prosperidad mediante bloqueos petroleros, bombas salvadoras o aumento de la pobreza en un país paralizado. Ni democracia ni libertad podrán emerger de un pueblo agotado, sin recursos para la vida. Es innegable que el gobierno cubano carga la responsabilidad de su mala gestión interna, pero ni la crítica ni la oposición a este gobierno deberían implicar el apoyo a políticas que aseguren la crisis humanitaria en Cuba, el objetivo evidente de la Reconcentración de Rubio.

(Tomado de la Joven Cuba)

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