Mirar hacia Cuba desde 2.550 kilómetros de distancia

Zona residencial en Ottawa

Aurelio Pedroso/Ottawa

Hacerlo sin una gota de estrés, con luz, agua, transporte, alimentación y medicamentos, calles pulcras donde no se observa ni una colilla de cigarro en aceras y jardines y con los pies sobre la tierra no puede  menos  que pensar uno que nos están matando a plazos, que sólo los fuertes podrán resistir un final casi inmediato.

Con plena libertad de información para que como dice mi amigo y colega Reinaldo Taladrid,” cada cual saque sus propias conclusiones”, veo en la televisión de Miami la cobertura al primer vuelo de asistencia humanitaria a partir de esos cien millones destinados que la iglesia católica se encargará de manejar y funcionarios gringos en La Habana deberán supervisar no vaya a las  alcancías de los militares de GAESA.

El verdugo acariciando a la víctima. Un cinismo blindado, a prueba de misiles. Quien suscribe, catalogado dulcemente como “vulnerable” por las autoridades cubanas dada su edad, la risible e indecorosa pensión y su condición de paciente oncológico ha debido suspender su tratamiento con vacunas y “procederes” por falta de insumos.

Mientras tanto, las famosas y secretas negociaciones con Washington, no apuntan a nada bueno. Las medidas adoptadas por Cuba que bien pudieran ganarse el beneplácito de la Casa Blanca no han modificado la avalancha de sanciones contra la isla que son a diario. No hay que doctorarse para concluir que no les interesa llegar a un acuerdo con el actual gobierno.

El quehacer del emperador Trump es multidireccional. En Ottawa, la capital canadiense, hay brisas anti gringas con esa nueva amenaza de elevar hasta el 50% los aranceles ante la prohibición en ocho provincias para importar y distribuir bebidas alcohólicas estadounidenses.

Nada, que el imperio levanta ronchas en muchos sitios de este alocado mundo.

(Tomado de El Boletín)

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