(FOTO: Otro amanecer en negro, desde el portal de casa)
Manuel Juan Somoza/La Habana
El ministro de Vicente de la O Levy da la cara en la tv, asegura que ese sector “trabaja fuerte” para apuntalar la maltrecha generación de electricidad y garantizar el bombeo de agua, y detalla las medidas recién adoptadas a fin de amortiguar esa combinación macabra de que cuando hay un poco de luz no hay ni un chorrito de agua y a la inversa.
“Estamos solos”, repite al informar que empresas extranjeras otrora estables en el otorgamiento de créditos para adquirir piezas de recambio (de las termoeléctricas) han suspendido esa práctica por temor a las sanciones de Washington e insiste en que el cerco petrolero ordenado por el Norte desde enero es la “causa principal” del caos.
Esas son las verdades de un ministro que, al menos, dio la cara cuando en La Habana se habla cada vez con más insistencia hasta de ventas en negro de horas de electricidad.
Sin embargo, las afirmaciones del ministro no alcanzan ni a suavizar la zozobra en la que sobrevive la mayoría de los 9,4 millones de cubanas y cubanos que quedan en la isla. Un colega informa que de los 12 atletas de canotaje que fueron a competir en Canadá, nueve desistieron de regresar al país.
“Habría que estar loco para regresar”, dice mi amiga Conchita, quien hasta la madrugada de este viernes padeció 38 horas consecutivas sin electricidad y tres días sin agua. “Imagínate ayer tocaba el agua (el suministro es en días alternos), comenzó a entrar un poquito a la cisterna y casi de inmediato se acabó, se quedaron sin luz las bombas de Cosculluela”, la fuente de abasto de su barrio.
Y mientras Conchita se desahoga (sigue sin fluido eléctrico desde las cinco de la mañana), Cuba se espabila y resulta imposible desconocer el decir de los entendidos en guerras, aunque en la isla todo parezca desenvolverse en tensa y desmotivadora calma.
Hace menos de 24 horas, Donald Trump dio un nuevo plazo (dos meses) a los dirigentes cubanos con vistas a que se rindan y permitan las bendiciones que él promete. Y poco antes, una cadena televisiva estadounidense anunció que la 101 División Aerotransportada ensayaba un ataque a la isla y solo esperaba la orden de actuar.
Según los entendidos en guerra, cualquier desembarco u ofensiva militar está antecedida por un ablandamiento artillero, es decir se bombardea desde mar, aire o tierra a fin de romper o resquebrajar las defensas enemigas y minimizar las bajas de los atacantes.
Y en Cuba ese ablandamiento comenzó hace seis meses, sin necesidad de gastar un dólar en proyectiles, o al menos así lo interpreto yo, cuando al igual que Conchita, trato de sobrevivir sin luz y con un poco de agua cargada a mano y almacenada en cubos.


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