Hielo
Los apagones convierten un gesto tan cotidiano como beber un vaso de agua fría en un lujo inalcanzable para la mayoría de los cubanos.
Aurelio Pedroso/La Habana
Si el coronel Aureliano Buendía recordaba “aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo”, la compañera de quien suscribe recordará también de por vida aquel infernal mediodía en que salió en busca de hielo y no lo encontró en ningún sitio de uno de los más importantes municipios de la capital cubana, el Plaza de la Revolución.
Tajante fue la respuesta en cuanta puerta tocó dedicada a ello en bolsas que oscilan entre los 250 y 600 pesos. Claro está, sin hervir y mucho menos filtrada:
-Llevamos casi 24 horas sin electricidad.
Nunca antes en sus seis décadas de vida había sentido la imperiosa necesidad de beberse un vaso de agua helada, así como tampoco esa reacción-rechazo del cuerpo al recibir en el estómago un agua tibia que lejos de calmar la sed provocaba deseos de vomitar.
Otro inconveniente más de un día a día sin solución alguna cuando en consecuencia de las altas temperaturas veraniegas, que pueden alcanzar los 40 grados, los especialistas recomiendan como primera providencia beber mucha agua, hidratarse.
Sólo en restaurante privado con equipos generadores de electricidad el pudiente podrá beberse un pomito de agua proveniente nada más ni nada menos que desde Cantabria, España.
Quien se tome un vaso de agua fría en su casa no puede pensar igual que el que lo hace con caliente garganta abajo. Seguro. Póngale el cuño.
Al menos en Macondo conocieron el hielo. También en Cuba. Muchas similitudes nos unen como esa, de otros tiempos, de llegar a casa con una cruz de ceniza en la frente estampada por el cura de la parroquia…
(Tomado de El Boletín)


Deja un comentario