Manuel Juan Somoza/La Habana
Llevamos un motón de días aseándonos a sorbitos con el agua almacenada en cubos desde el 5 de julio. A partir de esa fecha nuestro barrio del oeste de La Habana no recibe ese servicio, la generación de electricidad es una caricatura por el cerco petrolero impuesto desde Washington y las fuentes de abasto operan a retazos.
Vivian trata de mantenerse en calma, friega y cocina como puede -somos privilegiados, el servicio de gas funciona-, y yo cargo y cargo agua desde la cisterna agonizante. Sobrevivimos ahorrando hasta el agua embotellada comprada de urgencia. “Tenemos agua, pero vamos a terminar ingresados en un manicomio”, dice ella sonriente y jodedora.
Doy por descontado que otras cubanas y cubanos lo estarán pasando peor y no descarto que los playboys surgidos de aquella Revolución de los humildes y para los humildes -la que soñó con el surgimiento de un “hombre nuevo” que pensaría en plural- todavía no se enteran de lo que ocurre en el país, aunque alguno de ellos aspire a representarnos ante Donald Trump.
Escribo con la batería de mi laptop (perdonen los errores) y me vienen de golpe algunos de los muchos momentos vividos en campaña:
Los entrenamientos militares por los lomeríos de Managua y el Wajay; cortando caña -como permanente- durante largas jornadas en el norte y el sur de Camagüey; el mes transcurrido en el desierto de Sahara con los combatientes del Frente Polisario (implantamos un récord sin bañarnos), o con aquel destacamento de Faplas por el sur de Angola. Recuerdo incluso la conversación íntima sostenida con Raúl Castro y Ramiro Valdés, quienes nos contaron vivencias similares con el agua y el aseo en sus tiempos de guerrilleros en la Sierra Maestra.
¿Cuándo tendremos electricidad y agua? Nadie lo sabe, pero sospecho que iremos a peor.
Y así, amiguitas y amiguitos que comparten nuestra suerte, van las cosas por Kohly. Así, amigos que se mantienen al tanto desde lejos, transcurre el segundo sábado de julio en esta plaza sitiada y orgullosa que se llama Cuba.


Deja un comentario