Una mirada al financiamiento de transformaciones económicas


Foto Cubadebate
Ricardo Torres/Washington
Este análisis se basa en AidData, uno de los registros más completos sobre cómo se financiaron las transformaciones económicas desde finales de los años cuarenta, y se acotó a cerca de 100 000 proyectos de ayuda —por más de un billón de dólares— entregados a 35 países que dejaron atrás la economía centralmente planificada: el bloque soviético y Europa del Este entre 1990 y 2013, Vietnam y Laos desde 1986, China desde 1978, e Irak desde 2001.
Estas cifras muestran lo prometido, que no coincide con lo desembolsado (el gasto real suele quedar entre 15 y 25 por ciento inferior); están ajustadas por inflación, pero no reflejan la paridad de poder adquisitivo (cuánto rinde un dólar en cada país); y el registro termina en 2013, por lo que no capta el auge reciente de China como prestamista. Aun así, es una fotografía útil del financiamiento de esas transformaciones, aunque el mundo de entonces dista del actual.
La estructura de los compromisos revela dos modelos claramente distintos: la reforma gradual asociada a la experiencia china y la liberalización rápida asociada a buena parte de Europa del Este. China, Vietnam y Laos recibieron ayuda dirigida, sobre todo, a la construcción de carreteras, centrales eléctricas, fábricas y puertos. La inversión en infraestructura y en sectores productivos representó tres cuartas partes de lo recibido por China y cerca del 60 por ciento de lo recibido por Vietnam. El apoyo directo al presupuesto fue casi inexistente, al igual que la ayuda para la reforma institucional: la lógica era ampliar primero la base productiva, partiendo de que eran países muy pobres, y dejar que las instituciones se adaptaran en el camino.
Europa Central y del Este, y la parte occidental de la antigua Unión Soviética, siguieron un camino diferente: cerca de una cuarta parte de su ayuda fue apoyo directo al presupuesto, otro 8 a 15 por ciento a alivio de deuda, y la infraestructura quedó en segundo plano. Es un modelo que prioriza ordenar la moneda y controlar la inflación, y deja la reconstrucción física para después.
La ayuda por habitante varió muchísimo: apenas 250 dólares por persona en China en 35 años, frente a más de 4 500 dólares en Bosnia en dos décadas. Vietnam, obtuvo unos 1 500 dólares por persona en 27 años.

Apoyo presupuestario general
El apoyo directo a los presupuestos sumó unos 130 000 millones de dólares, 13 por ciento del total, y fue casi enteramente destinado a países europeos: financió una cuarta parte de la ayuda a Europa Central y del Este, pero apenas fue relevante en China o en Iraq. La razón: este apoyo a gran escala es, en la práctica, un instrumento del FMI, casi siempre atado a condiciones sobre política fiscal, tipo de cambio y precios.
Esto es relevante para Cuba, que no pertenece al FMI, al Banco Mundial ni a ningún banco regional de desarrollo. El instrumento más útil cuando un gobierno necesita margen para ajustar precios sin provocar una crisis de pagos no está disponible por la vía habitual. Cualquier estrategia cubana tendrá que buscar sustitutos: apoyo bilateral, financiamiento regional o una vía negociada hacia una futura membresía en esas instituciones.
Infraestructura, sobre todo energía
La infraestructura fue la categoría más grande de todas, con cerca de 320 000 millones de dólares, equivalente al 31 por ciento del total. Dentro de ella, la energía (centrales, redes, suministro de combustible) representa unos 90 000 millones, casi el 9 por ciento.
La ayuda energética fue mayor en los países de reforma gradual: cerca del 13 por ciento en China y Vietnam, frente a entre el 4 y el 7 por ciento en Europa Central y del Este. Donde el Estado mantuvo un papel productivo mayor, el financiamiento externo compensó la inversión doméstica insuficiente: solo China recibió más de 30 000 millones destinados a la energía. También fue alta en el Cáucaso y en Asia Central, zonas pobres y dependientes de recursos naturales, con una falta crónica de inversión en infraestructura eléctrica, similar a la del caso cubano.
Lo alentador es que la energía es la categoría con menos obstáculos institucionales: históricamente la financiaron bancos regionales de desarrollo y prestamistas como Japón, especializados en préstamos de proyectos a largo plazo, y no en el apoyo macroeconómico, que conlleva otro tipo de condicionalidades. Como el diagnóstico cubano ya señala el colapso eléctrico como el cuello de botella más urgente, este constituye el precedente más útil para Cuba.
Ayuda de emergencia
La ayuda de emergencia y reconstrucción sumó unos 29 000 millones de dólares, menos del 3 por ciento del total, pero su reparto está muy determinado por Irak (casi 12 por ciento de la ayuda a ese país) y los Balcanes Occidentales (10 por ciento), ambos posteriores a un conflicto armado, frente a apenas 1 a 2 por ciento en otros países sin guerra.
Cuba no encaja en ninguno de los dos patrones. No sale de un conflicto armado, pero sí atraviesa una emergencia humanitaria: apagones crónicos, escasez de medicinas y un sistema de salud que se deteriora con rapidez. Un rango realista probablemente se ubique entre la norma de tiempos de paz y la experiencia posconflicto, quizás del 4 al 7 por ciento de cualquier paquete futuro. La ventaja es que esta ayuda es la menos dependiente de instituciones financieras internacionales: puede movilizarse rápidamente a través de las Naciones Unidas, la Cruz Roja y de canales bilaterales directos.
Implicaciones para Cuba
Estas cifras deben leerse a la luz de lo que ocurre hoy en Cuba, y ese panorama ha cambiado radicalmente desde comienzos de 2026. Tras la operación militar de Estados Unidos que sacó del poder a Nicolás Maduro en enero, Cuba perdió su principal fuente de petróleo, y Washington respondió con aranceles a los países que envíen combustible con destino a la isla. En mayo, la Casa Blanca emitió una orden ejecutiva que, por primera vez, permite imponer sanciones secundarias a bancos y empresas extranjeras que negocien con Cuba, un régimen similar al aplicado antes a Irán y Rusia, con GAESA, el conglomerado militar, como blanco directo. Esto ha supuesto otro choque externo demoledor para una economía que ya atravesaba una crisis prolongada y profunda. El impacto se ha hecho sentir en sectores decisivos como la minería, el turismo internacional, el transporte (pasajeros y mercancías) y la generación eléctrica.
El papel de Estados Unidos es imposible de desmarcar de la economía cubana. Más allá de la crisis inmediata, el embargo de seis décadas, el impago de la deuda soberana y los reclamos de compensación por las propiedades nacionalizadas tras 1959 eran, antes de este año, las principales restricciones externas a la recuperación cubana. La escalada actual añade algo nuevo: un giro hacia sanciones extraterritoriales, del tipo que antes se reservaba para países sometidos a un aislamiento económico casi total. Más allá de cómo se valore esa política, Estados Unidos sigue siendo el actor decisivo para determinar cómo y con qué rapidez Cuba puede reconectarse con las finanzas internacionales.
Vale la pena, además, considerar qué significaría, fuera de Cuba, una resolución satisfactoria de la crisis actual. Una economía cubana estable y conectada al mundo probablemente aliviaría las presiones migratorias que hoy afectan a Estados Unidos, México y varios países de Centroamérica y el Caribe. Podría abrir nuevas relaciones comerciales, turísticas e inversas con sus vecinos: a fin de cuentas, es uno de los países más poblados del Caribe y ocupa casi la mitad de la superficie de la región. Además, retiraría de la agenda hemisférica uno de los últimos legados de la Guerra Fría, lo que abriría espacio para una mayor cooperación regional. Son beneficios reales que van más allá de Cuba, pero dependen de que la transformación sea económicamente sólida y políticamente viable.
Casi todos los casos exitosos de esta base de datos, con financiamiento del FMI y de la Unión Europea en Polonia, o del Banco Mundial y de Japón en Vietnam, supusieron que los donantes exigieran condiciones reales. No existe en el registro histórico un solo caso de transformación financiada con éxito basado únicamente en promesas. Cualquiera que sea la forma que adopte la participación internacional en Cuba (financiamiento multilateral, ayuda bilateral, inversión de la diáspora o capital privado), debería estar condicionada a un programa de transformación serio, secuenciado y creíble, y no ofrecerse como recompensa por gestos ni como un puente incondicional.
Fuentes: AidData Core Research Release, Version 3.1 | cálculos del autor (se utilizó Claude para procesar la base de datos y extraer los totales regionales y por países)

(Tomado de Cuba Economic Review)

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