DICE EL SIMPLE MORTAL

Manuel Juan Somoza/La Habana

No me hagan caso, pero digo que la nave se va a pique con nueve millones de cubanas y cubanos a bordo, por decisión y para regocijo de los nuevos dioses del Olimpo americano, mientras el resto del planeta se retuerce impávido.

No me hagan caso, porque cuando suman 51 horas consecutivas de vaivenes sin dormir -no hay corriente y las velas se agotaron- las entendederas se endurecen y el horizonte tiende a fugarse.

Me he equivocado muchas veces, no me hagan caso, pero no debería haber ley humana ni divina que aprobara la decisión de los nuevos dioses de ahogar a nueve millones de personas con la premeditada intención de ir después por los que sobrevivan.

¿O acaso será ese el horizonte diseñado en el Olimpo de estos tiempos: matar y después asimilar a los que queden?, ¿no ha sido así en Gaza?, ¿y por qué sería mejor la cotidianidad de los cubanos que subsistan al naufragio impuesto?

Viví y luché por promesas dignas y posibles -aunque demasiadas se hayan malogrado en el camino- y no creo en las ofertas de bonanza de un verdugo.

Entonces, sin aspirar a que alguien me haga caso y cargando 10 mil dudas sobre los timoneles, opto por remar mientras pueda, con el deseo -no hablo de esperanzas- de llegar a aguas calmadas y entre todos los que queden en la nave, replantear lo que vendría.

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