A comer pescado ruso en Cuba

Malecón de La Habana

La presencia de este pescado me hizo recordar una pregunta que no pude responderle a una parienta vietnamita: ¿Papá, por qué si esto es una isla no tenemos pescado ni sal?

Aurelio Pedroso/La Habana

Si un alemán, tan organizados y metódicos que son, se sorprende que ahora mismo el mercado privado está ofreciendo pescado importado de la lejana Rusia, sería comprensible sin duda alguna luego de que alguien se lo explique con pocas palabras.

El germano que, si encima tiene par de rones circulando en vena, podría pensar que ha llegado a uno de los países más prósperos del mundo donde el ciudadano, según la capacidad de la billetera, pudiera tener acceso a los manjares más exóticos del universo sin importar el puerto o aeropuerto de origen.

Y vaya usted a saber si acaso los pescadores rusos no tuvieron que pedirle permiso al Departamento del Tesoro gringo para vendernos unas cuantas toneladas tal y como deben hacer con el petróleo que hace meses no arriba.

Es que precisamente este sábado, el día más negro de 2026 en la generación de electricidad en toda la isla, con cortes de 40 horas y más, llegó la noticia del pescadito a 500 pesos la libra, un euro más-menos según el mercado que ya no es tan informal por las nuevas disposiciones para resucitar la economía.

La presencia del pescado, cuyo nombre no me atrevo a pronunciarlo fonéticamente, me hizo recordar una pregunta que no pude responderle a una parienta vietnamita hace poco menos de un año: ¿Papá, por qué si esto es una isla no tenemos pescado ni sal?

De experiencias desagradables ya estamos saturados en este año en curso luego de las varias vueltas que míster Trump le ha dado a la tuerca. Algunas en extremo interesantes que rondan los vericuetos de la mente y el comportamiento humano.

Un verdadero pulso entre el orgullo nacional con centro en el corazón y por otra parte el estómago que reclama sin pensar. De momento, me niego a consumirlo. Ya preguntaré al que lo compre si tiene muchas espinas y, aunque conozco la réplica, a qué sabe…

(Tomado de El Boletín)

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