Por Dr Humberto Blanco Rosales
Al ritmo que me permiten unas tres – cuatro horas diarias de electricidad, estuve varios días -más de los que hubiera querido- para plasmar estas primeras reflexiones. El gobierno ha anunciado un paquete de reformas cuyo calado no es comparable con lo diseñado y puesto en práctica en todos estos años. La celeridad de su elaboración y presentación, a poco de discutir el programa de Gobierno del 2026, el alcance y magnitud de los cambios que se proponen, y lo complejo que será aplicarlos, me han motivado a escribir sobre el tema.
Estos años del 2011 a la fecha, en materia de conducción de la economía, han estado marcados por dilaciones, experimentos, ambigüedades, parches, con expertos y funcionarios integrados en Grupos temporales de trabajo, Consejos técnicos asesores y otras denominaciones que han ido languideciendo, después del entusiasmo inicial y no pocas reuniones. Y numerosas visitas, asambleas, controles y chequeos a lo largo del país, con acuerdos, planes de trabajo, exhortaciones, responsables de cumplimiento y demás. En términos de esfuerzos, nada que objetar. Pero tampoco hay mucho que decir respecto a resultados.
El comportamiento de la economía, entre tanto, ha dado suficientes señales de calentamiento, con debilidades estructurales no superadas que nos han mantenido en una senda de bajo crecimiento y baja productividad, un sector externo estancado entre la dependencia importadora y una dinámica de las exportaciones a todas luces insuficiente, bajas tasas de acumulación y de innovación, y un deterioro de la infraestructura y de sectores clave de la producción material, entre otros males.
Y las conquistas sociales de la Revolución Cubana, duele decirlo, también en crisis. Y algo que siento que mis colegas no siempre ponen en primerísimo lugar: en cinco años, la población cubana ha descendido en 1,6 millones de personas. Cualquiera de nosotros tiene alguna historia que contar sobre ese descenso.
Hemos contado con no pocos documentos programáticos para la dirección de la economía: Conceptualización del Modelo de desarrollo, Plan al 2030 y Sectores estratégicos, los Lineamientos Económicos y Sociales en sus sucesivas versiones, cuya implementación arroja porcientos nada halagadores.
Pero además, hemos tenido una organización del plan de desarrollo en macroprogramas, programas, proyectos… y un grupo posterior de documentos como la Estrategia postcovid, 43 medidas para la empresa estatal, 63 para la agricultura, 93 para la agroindustria azucarera, que no pasaron de ser una lista de intenciones y reiteraciones, con serias carencias de contenido, secuencia, articulación, respaldo financiero e indicadores de medición de resultados. Y cuya puesta en práctica y avances esperados también quedaron en el camino.
Y como cereza del pastel, el país se ha visto aún más dañado por catástrofes, huracanes, una pandemia, y el brutal asedio hasta niveles inauditos de un cierto “monstruo naranja”, como escuché llamarle a una colega norteamericana.
También hemos contado con el acompañamiento de impolutos guardianes de la fe que, denostando de términos como reforma y policrisis, han querido estigmatizar con calificativos como “neoliberales”, “punta de lanza del capitalismo en Cuba” y otras lindezas al trabajo de académicos e instituciones que desde Cuba, mi gremio de economistas y contadores (Anec), las universidades, e incluso en esos mismos grupos de trabajo mencionados, han aportado sus criterios con profesionalidad , rigor y mucho compromiso de sacar al país del estancamiento y la crisis, argumentando por cambios postergados una y otra vez, que ahora han sido suscritos aceleradamente.
Una anécdota a modo de ejemplo: hace 42 años asistí como delegado a un Congreso de la Anec por primera vez en mi vida. Me tocó levantar el acta en una comisión dedicada a la empresa estatal. Conservo la copia mecanografiada de ese documento.
Ya entonces se decía, en el año 1984, que aquella carecía de autonomía para su gestión y que el mecanismo vigente de asignación de recursos no aseguraba que estos llegaran en tiempo y forma para cumplir los planes. 42 años es demasiado, demasiado tiempo para resolver un tema medular, tratándose del actor económico fundamental de la economía cubana, según nuestro modelo de desarrollo. En el congreso de 2019, encabezando una comisión sobre la empresa estatal, al escuchar planteamientos similares, mostré el documento. Sin comentarios.
Volviendo al anuncio de este programa, como era de esperar, se han desatado opiniones de diversa índole, que oscilan entre optimismo, certeza y esperanza, junto con incertidumbre, escepticismo y dudas muy razonables ante peligros latentes en su aplicación. Y también está quienes reniegan, claro.
Con 23 ejes temáticos y 176 decisiones, las transformaciones apuntan a una liberación de las fuerzas productivas (recuerdo esta expresión como el mantra de los Lineamientos del 2011) al abandono de la planificación centralizada en su forma actual y del monopolio estatal del comercio exterior, al fomento de actores económicos bajo similares condiciones, y a una mayor apertura externa, mayor presencia del sector privado y legitimar el papel del mercado en la economía. Se trata, en resumen, de dejar atrás el modelo vigente de funcionamiento de la economía, por obsoleto e ineficiente.
Pero haber privilegiado soluciones sintomáticas en lugar de soluciones fundamentales, el constante aplazamiento de las segundas, en espera tal vez de circunstancias más favorables o del supuesto éxito de medidas en curso, o la clásica justificación “no existen las condiciones” (¿existían acaso cuando se aplicó el Ordenamiento?) reflejan en el fondo, lamentablemente, resistencia al cambio. Esta es más sutil, una especie de “sí, pero no…” y en el fondo más peligrosa que la oposición franca y directa a un cambio.
Asume muchas formas y expresiones: objetivos ambiguos, con redacciones ampulosas y poco o nada medibles, comisiones y más comisiones, diagnósticos infinitos, profusión de documentos, aplazamientos de medidas por todo un arsenal de razones, desacreditar a quienes impulsan los cambios, explicaciones y más explicaciones, en fin…el mar.
Y mientras tanto el tiempo, el implacable, el que pasó, como decía Pablito Milanés, ha pasado. Por razones de espacio, tiempo, y electricidad, me detengo por ahora. Cierro esta reflexión inicial con un fragmento del discurso de Engels ante la tumba de su entrañable amigo Marx, el 17 de marzo de 1883:
… “Marx descubrió la ley del desarrollo de la historia humana: el hecho, tan sencillo, pero oculto bajo la maleza ideológica, de que el hombre necesita, en primer lugar, comer, beber, tener un techo y vestirse antes de poder hacer política, ciencia, arte, religión, etc.;”
(Tomado de Cuba y Economía)


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