Ave, César, los que van a vivir te saludan

Persona busca en la basura (La Habana, Cuba)

Las reformas llegan cuando buena parte de los cubanos, especialmente los más vulnerables, ya sobreviven al límite de sus fuerzas.

Aurelio Pedroso/La Habana

Pero no todos. Tendrán el privilegio de la vida aquellos que sean los más fuertes, los capaces de soportar penurias las 24 horas del día, aquellos que duermen unas horas no cuando dicte el reglamento humano, sino cuando haya espacio y oportunidad para reponer energías. Obviamente, también quienes tengan los que les tiendan una mano.

Serán los ancianos los primeros en tomar el camino del camposanto o el crematorio. Esos que lo dieron todo en vida y en la recta final no reciben absolutamente nada salvo promesas de mejoría que ellos ni se creen como tampoco quienes se las prometen. Los médicos legales dictaminarán un sinfín de causas menos una que  será la muerte por tristeza o desengaño.

La tardanza y no el bloqueo imperial genocida ha sido una de las causas principales de que estemos tan mal. Ahora, después de años de jugada cantada, es que a un sabio se le ocurrió  subvencionar a personas y no a multitudes. Es que, para algunos pudientes, la cara ha sido demasiado dura manteniendo el acceso a la cartilla cuando en sus despensas nunca faltó ni la leche ni la carne.

Hay desgracias inesperadas como ese último terremoto en Venezuela; las hay transitorias como las plagas o virus; y las hay casi que con carácter permanente como en la Cuba de hoy.

Algo de romanos tenemos los cubanos. Cuentan minuciosos historiadores que esa costumbre de extender la mano para saludar, nació en Roma en demostración de afecto y, principalmente, que se iba desarmado.

¿A cuántos el pueblo cubano no les ha tirado manos y vida y cuántos han respondido para aliviar esta muerte a plazos?

Si como sentenciara el coronel Aureliano Buendía (Gabriel García Márquez en Cien años de soledad), “uno no se muere cuando debe, sino cuando puede”, no podemos morirnos ahora que todo esto está cambiando y no hay pruebas contundentes que hasta el cielo lleguen los mensajes solicitando mejorías.

(Tomado de El Boletín)

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