La gran paradoja

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  Jorge Gómez Barata/La Habana
La política de los Estados Unidos contra Cuba es tan visceral y tan equivocada que no permite a la Isla ni siquiera realizar su autocrítica. Los árboles no les dejan ver el bosque.
La nación que concitó la hostilidad de Estados Unidos por intentar un desarrollo socialista, enfrenta su recrudecida oposición en el momento  en  que se propone reintroducir la economía de mercado, promueve el crecimiento del sector privado, la dolarización de la economía, la reintroducción de la banca y del capital transnacional, incluyendo el norteamericano.
El estado que fuera penalizado por aliarse con la Unión Soviética lo es ahora por intentar normalizar los vínculos con Estados Unidos.
Existe además el riesgo de que la oposición interna que, en estos casos se presenta como bastión en la defensa de los valores socialistas, vuelva a colocar palos en las ruedas. En la reciente sesión de la Asamblea Nacional, convocada para aprobar las 176 medidas que integran el programa de reformas, un diputado tomó la palabra para recordar y advertir a sus colegas que la ideología oficial del país es el marxismo-leninismo (SIC).              
Los presidentes Barack Obama y Raúl Castro, tuvieron la lucidez necesaria para no sólo comprender que Cuba y los Estados Unidos, en lugar de rivales podían ser vecinos, sino para mediante el restablecimiento de las relaciones, resolver la paradoja de que, el progreso económico y social facilita las convergencias.
En 2010, ante la Asamblea Nacional del Poder Popular, una entidad ceremonial que, no obstante, sirve como tribuna para grandes anuncios, Raúl Castro expresó que: “Estamos convencidos de que tenemos el deber elemental de corregir los errores que hemos cometido en estas cinco décadas de construcción del socialismo en Cuba”, entre los cuales mencionó la total estatización de la economía.
Con ese fin expuso un programa de reformas que anunciaban la necesidad de cambios estructurales profundos entre ellos separar las funciones del Partido y el gobierno, adaptar las leyes para sostener jurídicamente los cambios propuestos. Expresó la necesidad de cambiar la Constitución para acoger ciertas reformas y las nuevas políticas económicas. Se declaró a favor de la descentralización propiciando la autoridad y la autonomía de los gobiernos provinciales y municipales.
Entonces se enfatizó en la necesidad de promover el trabajo por cuenta propia, reducir el gasto público y poner fin a prohibiciones innecesarias.
En cualquier caso, las reformas han sido relanzadas. Aunque a veces parecen iniciativas de líderes iluminados, en realidad son imperativos económicos, políticos y sociales, nadie puede detenerlas y siempre se imponen. La clave de las reformas no es por dónde comienzan sino hasta donde llegan. Allá nos vemos.
(Tomado del diario ¡Por esto! )

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