SE VAN LOS SÍMBOLOS Y AFLORA OTRA ÉPOCA

(De esa foto en la Sierra Maestra solo queda en pie Raúl Castro, 95 años)

Manuel Juan Somoza/La Habana

“Ramiro fue consecuente con el pensamiento de su generación”, comentó temprano Rafael, un compañero de la misma época, para quien los dirigentes fundacionales de la Revolución cubana ”improvisaron, a veces intentaron aprender y siguieron cánones y experiencias -no funcionales- de otros”.

Y remató mi amigo con una afirmación que va dejando de ser exclusiva: “Aspiraban (ELLOS) a un socialismo ´químicamente puro´, y ahora desembarcamos del (yate ) Granma en las costas de una incierta y tardía perestroika a la cubana”.

Hacía alusión Rafael a la muerte del comandante Ramiro Valdés, el penúltimo de los hombres-símbolos que seguía latiendo a los 94 años, tras participar en aquella gesta que arrancó con el asalto al cuartel Moncada, siguió con la prisión, el exilio en México, la expedición del Granma, el reinicio de la lucha armada en ciudades y montañas, el triunfo y la construcción del socialismo en Cuba.

Partió Ramiro en momentos en que la isla va dejando de ser, definitivamente, lo que fue desde 1959 para dar paso a otra época distinta que, a mi entender, comenzó a gestarse en la crisis de los años 90 y empezó a germinar en la que se multiplicó desde mediados del segundo decenio del siglo en curso.

En apariencia, todo sigue igual en la isla desde que el presidente Díaz-Canel anunciara el centenar de cambios previstos por los actuales dirigentes del país a fin de “salvar al socialismo”, con una apertura NECESARIA al capital y a los negocios privados, y al mismo tiempo impensable hace solo dos décadas.

Siguen los apagones extensos y sus efectos en otros servicios vitales; se mantienen los precios especulativos; aumentan los menesterosos –“vulnerables”, se les dice oficialmente con ánimo de maquillaje -; y también aumentan los que buscan repartirse la piñata con capital acumulado o prestado, o funcionarios del abultado aparato estatal y político que van convirtiendo en práctica habitual el tráfico de influencias.

Obviamente, cuando han sido muchos los errores de los mandantes actuales y se penetra en una dimensión desconocida de tamaña magnitud, el referente inevitable es la caída del otrora aliado soviético y de la pretendida modernización del sistema (perestroika) que terminó desbaratando a la URSS y cambiando la correlación internacional de fuerzas a favor de Estados Unidos.

Pero falta todavía una variable importante por despejar. ¿Qué hará Washington ante los cambios anunciados (ya los calificó de “humo” sin trascendencia real) y la solicitud persistente de “liquidar al régimen comunista”, de los ultras de Miami?

De momento, lo único que parece cierto es que los símbolos del tiempo abierto por la Revolución van siendo sobrepasados por otra época que cuaja, aun por conocer en todo su alcance: ¿Socialista?, ¿Neoliberal? ¿Protectorado estadounidense nuevamente?

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