Yuliet Teresa/La Habana
Es lunes, otra vez. Y Es lunes, otra vez. Y en La Habana el calor no da tregua, pero la pobreza tampoco. Hay más leyes cada día, sí, pero también más distancia entre lo que dice el papel y lo que cabe en un plato. Ves a la gente sentada en los portales, mirando pasar las horas, sin mucho más que hacer que esperar. Y a otros, que ya no esperan y se van.
Los ancianos son cada vez más. Los jóvenes, menos. Y en la cara de los viejos, el sudor brilla igual que la desazón. En las mesas, la comida escasea. En los barrios, los apagones alargan las tardes y las convierten en un silencio largo, pesado. Así estamos. Así vive esta ciudad, esta Isla que sigue queriendo caminar con la frente en alto, sin pasar vergüenza, sin que le falte el respeto.
Esta semana me tocó estar cerca de muchos de ellos. De los abuelos. Y te digo, escucharlos remueve. Cada historia pesa, cada necesidad te agarra. Hoy la soledad de los viejos es un drama que no se ve en las estadísticas: la migración se llevó a los hijos, la inflación se llevó los remedios, el país se lleva las fuerzas.
Y así andamos. Hoy lunes, y los que vienen detrás. Cuba no necesita discursos, ni promesas. Necesita buenas noticias, sí, pero sobre todo, necesita cariño. El que se da sin esperar nada. El que aún se puede repartir.. Hay más leyes cada día, sí, pero también más distancia entre lo que dice el papel y lo que cabe en un plato. Ves a la gente sentada en los portales, mirando pasar las horas, sin mucho más que hacer que esperar. Y a otros, que ya no esperan y se van.
Los ancianos son cada vez más. Los jóvenes, menos. Y en la cara de los viejos, el sudor brilla igual que la desazón. En las mesas, la comida escasea. En los barrios, los apagones alargan las tardes y las convierten en un silencio largo, pesado. Así estamos. Así vive esta ciudad, esta Isla que sigue queriendo caminar con la frente en alto, sin pasar vergüenza, sin que le falte el respeto.
Esta semana me tocó estar cerca de muchos de ellos. De los abuelos. Y te digo, escucharlos remueve. Cada historia pesa, cada necesidad te agarra. Hoy la soledad de los viejos es un drama que no se ve en las estadísticas: la migración se llevó a los hijos, la inflación se llevó los remedios, el país se lleva las fuerzas.
Y así andamos. Hoy lunes, y los que vienen detrás. Cuba no necesita discursos, ni promesas. Necesita buenas noticias, sí, pero sobre todo, necesita cariño. El que se da sin esperar nada. El que aún se puede repartir.
(Tomado del Facebook de la autora)


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