El Departamento de Estado confirmó no estar convencido por el nuevo paquete de medidas de La Habana y exigió cambios “mucho más sustanciales” en lo económico y lo político.
Por Redacción OnCuba
En medio de su creciente presión para forzar cambios en Cuba, la Administración Trump confirmó no estar convencida por las reformas recién aprobadas por el Parlamento de la isla.
Este viernes, el Departamento de Estado calificó las medidas económicas como “señales de humo superficiales” , en declaraciones concedidas a la Agencia Francesa de Prensa (AFP).
Un portavoz de la entidad diplomática estadounidense aseguró que las 176 medidas aprobadas por la Asamblea Nacional son “modestas, llegan con gran retraso y, en última instancia, no garantizan cambios sustanciales”.
Para la Administración Trump, se trata de una “estrategia típica” del Gobierno cubano: anunciar “supuestas reformas para crear la ilusión de un compromiso con el cambio, para luego revertirlas rápidamente en cuanto se ve amenazado el control total del régimen”.
La crítica de Washington llega en un momento de máxima tensión bilateral. Desde principios de año, las relaciones se han deteriorado drásticamente, especialmente tras el secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses.
En ese contexto, las reformas cubanas —que representan el giro más significativo del modelo económico desde la adopción del socialismo en 1961— no convencen al Gobierno de EE.UU., que exige transformaciones “mucho más sustanciales” en lo económico y lo político.
Este jueves, el propio Trump afirmó en una entrevista con The Axios Show que “es posible” que una eventual acción militar contra Cuba se parezca a la rápida captura de Maduro, en una de las declaraciones más directas que ha hecho hasta ahora sobre los planes de su gobierno para la isla.
Cuando el periodista de Axios Marc Caputo le preguntó si una operación en Cuba podría desarrollarse de forma similar a la operación en Venezuela, Trump respondió: “Posiblemente. Es posible”, para luego añadir que “estos lugares están cerca”.
El paquete de 176 medidas
La Asamblea Nacional del Poder Popular aprobó el jueves un programa de reformas que incluye mayor espacio para las empresas privadas y la inversión extranjera, la posibilidad de importar y exportar sin intermediación estatal y permisos para que cadenas de comida rápida se instalen en la isla.
Se trata de un intento de abrir la economía en medio de la presión ejercida por EE.UU., que mantiene un bloqueo petrolero y sanciones extraterritoriales contra socios comerciales de Cuba.
El politólogo y abogado cubanoamericano Luis Carlos Battista explicó a la agencia AP que “elementos que durante décadas fueron enumerados como pilares de la economía revolucionaria, como el monopolio estatal del comercio exterior y la centralización de las fuerzas productivas, han sido desmantelados”.
Sin embargo, advirtió que la implementación enfrenta “numerosas dificultades”, entre ellas la burocracia lenta e ineficiente y la desconfianza de empresarios e inversionistas.
Por su parte, el investigador asociado del Instituto Quincy en Washington, Lee Schlenker, sostuvo que aún está por verse cómo se aplicarán las reformas: “Habrá que ver si se politizarán, si se aplicarán de forma selectiva o si, verdaderamente, todos los actores económicos serán tratados bajo las mismas condiciones”.
Schlenker subrayó que muchas de las medidas serán inaplicables si no se levantan las sanciones estadounidenses, especialmente las que castigan financieramente a los socios del conglomerado militar GAESA.
En la misma línea, el profesor Paolo Spadoni, de Augusta University en Georgia, advirtió que el éxito del paquete dependerá de la rapidez con que las autoridades cubanas lo implementen. “Si los líderes cubanos tienen esperanza de sobrevivir a esta crisis sin precedentes y a la presión estadounidense, tienen que moverse rápido con la implementación y lograr resultados tangibles”, señaló.
Expectativas mixtas en la isla
Mientras los analistas internacionales debaten sobre la viabilidad de las reformas, los cubanos las reciben con sentimientos encontrados.
Para Adolfo Sánchez, empleado de un negocio privado de 63 años, las medidas podrían traer alivio: “Creo que con esas medidas va a haber una mejoría… en este momento tan difícil que estamos viviendo”, manifestó a la agencia AP.
Otros, sin embargo, muestran escepticismo.
Juana Pérez, vendedora de artículos para el hogar de 54 años, se quejó de los apagones que superan el ciclo del día: “Si tengo 30 horas sin corriente, ¿cómo voy a ver los anuncios en la televisión? Me voy para el trabajo a oscuras y regreso a la casa a oscuras. Esto va a seguir peor y peor cada día”.
Sus palabras reflejan la incertidumbre y creciente descontento de una población que escucha nuevas promesas de transformación mientras enfrenta mayores dificultades, cortes eléctricos y carencias de productos básicos cada día.
En este crítico contexto, han vuelto a avivarse los cacerolazos y protestas a lo largo de la isla, que en las últimas noches se han extendido con fuerza por distintas localidades, con especial énfasis en barrios de La Habana y Santiago de Cuba, según publicaciones en las redes y medios no oficiales.
Una reforma bajo presión
Las reformas llegan en medio de un panorama sombrío: apagones prolongados, escasez de combustible y sanciones que afectan a comerciantes, aseguradoras, líneas aéreas, cadenas turísticas y navieras, entre otros.
El gobierno cubano insiste en que el nuevo paquete de medidas busca abrir espacios de mercado sin renunciar al sistema de partido único, inspirado en modelos como China y Vietnam. Sin embargo, para Washington, la iniciativa no es más que un intento de ganar tiempo y proyectar una imagen de cambio sin alterar la esencia política.
Según analistas, la tensión entre las expectativas internas y el rechazo externo coloca a Cuba en una encrucijada histórica. Las autoridades de la isla se enfrentan al desafío de demostrar que las reformas no son meros gestos, sino transformaciones capaces de generar confianza, atraer inversión, estimular la producción doméstica y aliviar la crisis.
El desenlace, subrayan expertos, dependerá tanto de la voluntad política en La Habana como de la disposición de Washington a reconsiderar sus sanciones.
(Tomado de OnCuba)


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