Hablemos de «el paquete»

Foto: Obra de Frank Hart (Mi isla, 2024)

Félix López/ Andalucía

El paquete con 176 transformaciones económicas presentadas por el primer ministro Manuel Marrero Cruz ante el Parlamento cubano, por el momento, deja más incertidumbres que alegrías entre cubanos de adentro y fuera de la isla. Basta con recorrer ahora mismo las redes y leer las opiniones populares, entre las que se mezclan los razonamientos de gente común, con los de periodistas, sociólogos, economistas, artistas e intelectuales; sin pasar por alto a los que todavía piden arrancar cabezas e intervención, porque «el capitalismo con sangre entra».

En mi opinión algo tiene que pasar en Cuba para que la inmensa mayoría de la gente respire y deje de sobrevivir al margen de la desidia y de un sistema que no funciona. Se los había dicho Fidel antes de partir y no fueron capaces de utilizar su inmenso capital político para cambiar todo lo que debía ser cambiado. Lo que pasa es que cumplir la orden del Comandante implicaba cambiarlos a ellos mismos, porque desde Raúl Castro a Díaz Canel lo único que los cubanos recuerdan es un periodo de resistencia popular, pero también de tibiezas, errores, disparates, soberbia y mucho apalancamiento. No es que el país se hundiera todo «por una causa justa», es que el país se hundió para los trabajadores, pero no para las élites. Llegamos al día C (el del supuesto Cambio) con una facción de cubanos que vive, actúa y se comporta con los mismos códigos de las burguesías en las republiquitas bananeras del entorno. Admitamos que no las han colado en nuestras narices.

No soy economista, pero me voy a lanzar a la piscina sin agua y que me juzgue la historia si estoy equivocado. El paquete (nunca mejor dicho) fracasará por tres motivos fundamentales: tiene el impulso espacial de una presión externa (un guiño a Trump y no a la voluntad popular); no puede triunfar una reforma económica de esa naturaleza que no comience por una profunda reforma política que sea consensuada con el pueblo; y por último porque antes de la piñata hay que amarrar bien las cuerdas: ¿Dónde está el pacto ético y jurídico nacional contra la corrupción? ¿Quién garantiza que este proceso no sea un despelote donde se sigan beneficiando los hijos de…, los nietos de…, las novias de…, y los amiguitos de…? ¿Dónde está escrito que los altos cargos del partido, el gobierno y el ejército tendrán absolutamente prohibido (ellos y su familia cercana) hacerse con los activos de la nación, como hicieron en su momentos los ex KGB rusos? ¿Se les ocurrió legislar al respecto? ¿Repasaron las experiencias de China y Viet Nam al pisar el terreno del capitalismo de Estado, imponiendo penas de muerte a los corruptos? Me temo que esto último no será una buena idea, porque no alcanzarían los muros de la Cabaña para ajusticiar a tanto panzón corrupto y sus retoños.

Encabrona presenciar que sí se podía aceptar de un plumazo todo lo negado durante años. Si los que aprobaron «el paquete» necesitaron agotar la vida de dos generaciones de cubanos para tomar las decisiones, entonces lo que toca ahora es referéndum. Una pregunta sencilla y directa: ¿Cree usted que quienes hundieron al país están facultados, capacitados y habilitados moralmente para liderar las reformas? Yo sé cuál es la respuesta, pero los que le hablan al país desde un estrado hacen como que no se enteran. Desgraciadamente son los responsables de que en este instante existan cubanos, dentro y fuera, que les de lo mismo una reforma que una invasión. Una amiga me decía hace un rato: «La gente lo que quiere es jama», recordándome a aquel personaje que se hizo viral con su reclamo existencial. Y tiene razón, la gente necesita comer, pero también clama por luz, aire, respeto y esperanza. Somos un pueblo que lo ha dado todo, absolutamente, para estar hoy en la encrucijada de «la jama». No es justo. Por suerte, todavía leo en los mensajes abrumadores que salen de todas partes otros deseos menos estomacales: la gente quiere Patria, quiere soberanía, quiere elegir líderes, quiere decencia, quiere paz, quiere que los hijos que se fueron vuelvan un día y, sobre todas las cosas, que no los tomen más por tontos. Los ineptos pónganse a un lado, o habrá que hacer otra revolución de los humildes y para los humildes para apartarlos.

Yo sé que es difícil poner este debate en el centro de la vida con 48 horas de apagón y sin jama. Pero si lo dejamos pasar, si permitimos que vuelvan a envolvernos con el cuento, mañana será demasiado tarde. La historia no respeta ni perdona jamás a quienes llegan tarde. Y esta reforma, necesaria desde hace décadas, llega fuera de tiempo y en las manos equivocadas. Ahora lidiamos con dos realidades: la maldita condición histórica y geopolítica que no nos quita de encima los ojos y los deseos de sucesivos gobiernos de los Estados Unidos; y un sistema social que no funciona y que no puede regenerarse por la ineptitud de los que no tuvieron el arrojo de hacer los cambios a tiempo. Díaz Canel ha dicho que se aplicará el principio de «cumple o explica». ¿A partir de ahora? ¿Y quién nos explicará toda la mierda que cargamos a la espalda?

PD: A los desmemoriados: ¡Abajo el bloqueo! ¡Trump es más singao!

(Tomado del Facebook del autor)

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