FAMILIA Y EMIGRACIÓN

Reinaldo Manuel Sánchez Porro/La Habana

El tema es altamente sensible para todos en Cuba y ha pasado por muchas y diversas etapas. Una de ellas comenzó para la mía cuando se dijo que el que quisiera marcharse del país, podía hacerlo.

Mi hermano mayor, fundamental eje de la familia, tomó esa decisión con su esposa y mi sobrino, y lo cesaron del trabajo.

Poco después se anuncio que el camino de Miami pasaba por la agricultura y debió pasar dos años trabajando en el campo. Lo visité alli y su campamento era muy semejante a los que asistía yo en los «3×1» como estudiantes universitario, pero yo iba voluntario uno de cada tres fines de semana.

En casa tuvimos que vivir con la pensión de mi madre, porque no recuerdo que le pagaran nada, pero nos adaptamos. Cuando pensó que su salida estaba cerca me llamó y me cedió su anillo de graduado de bachiller en el instituto de Santa Clara porque les quitaban las prendas en el aeropuerto. Esa prenda fue fruto de un gran esfuerzo de mis padres, que para nada eran ricos. Si hoy no conservara ese anillo, creo que habría olvidado o no creería hoy que tal medida estuvo en vigor.

Ahora emigrar es muy diferente, pero el anillo es un recordatorio para mi, aunque ahora no lo use por temor a los asaltos.

La vida continúo, nacieron mis hijos, crecieron y decidieron emigrar hace mas de veinte años. Nueva división de la familia. Daniel, el médico estuvo ocho años sin poder volver a Cuba porque se quedó tras asistir a un congreso en Alcalá de Henares, España, al que asistió con un pasaje que le pagó mi hermano desde Estados Unidos.

Y poco después se embullo Javier, el economista que, como tal, no tuvo la ventaja de poder ejercer su carrera en la Madre Patria y debió pasar mucho trabajo, vivir en un cuartico inhóspito y compartir con otros inmigrantes el trabajo en fábricas y lo que apareciera.

Hasta que finalmente se fue orientando hacia la venta de los vinos españoles y venció la resistencia de un oficio de peninsulares por generaciones y, siendo cubano, se impuso a pulmón y hoy sostiene a su familia como responsable de la venta de vinos de una empresa de vinos españoles en el sur de España.

Como hace su hermano con casi 25 años de prestigio en la medicina de Valencia. Se lo deben todo a su trabajo y son el orgullo mío y de su madre, divorciados hace 34 años, en 1992, el año en que inicié mis visitas de trabajo a España con una primera invitación a la Universidad Autónoma de Madrid. Vienen a visitarnos a Cuba con la frecuencia que sus bolsillos les permiten.

Estoy muy agradecido a España, tierra natal de mis cuatro nietos que, además me hizo miembro concurrente de su Real Academia de Historia antes de que lo fuera de numero de la Academia de Historia de Cuba; orgulloso estoy de ambas pertenencias.

Pero Cuba es mi país, y aunque esté solo, aquí me reconozco parte aún en estas terribles circunstancias, como tantos colegas y amigos de mi generación.

(Tomado del Facebook del autor)

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