Personas en la embajada italiana en La Habana esperando su visa.
La llamada a un solicitante de visado desata bromas y comentarios en la legación diplomática italiana al coincidir su nombre con el del exmandatario cubano.
Aurelio Pedroso/La Habana
El carabinero o guardia de seguridad de la sede diplomática, con toda la solemnidad de su cargo, entreabrió la alta verja de hierro para comenzar a llamar este miércoles 10 de junio a las personas que habían solicitado visa.
Tal vez para abreviar su ininterrumpida labor diaria porque se trata de una de las embajadas más concurridas junto a la española, optó por mencionar sólo nombres: María, Daisy, Everardo, Yusisleydis y, finalmente, Raúl.
El último en ser convocado al parecer estaba entretenido, hablando por el móvil o degustando una de esas meriendas de pan con jamón y queso con refresco frío añadido que varios autoempleados ofertan en las proximidades, en la calle 4, de Miramar. Total, que el otro no pudo escuchar la primera convocatoria.
El funcionario entonces volvió a mirar el listado. Tal como si fuese un llamado de cuartel, alzó sorprendido la voz y clamó un par de veces en voz alta para que todos le escuchasen:
-¡Raúl Castro! ¡Raúl Castro!
De inmediato, como era de esperar, explotaron los comentarios jocosos propios del cubano para cualquier tiempo fácil o difícil. Es que hasta el italiano tuvo que sonreírse digamos que a discreción de guardia diplomático. Apareció el solicitante. Lejos de molestarse con las ocurrencias hacia su persona los miró a todos con una risa no disimulada.
Una amiga de Santiago de Cuba, en busca también del permiso oficial para visitar a su hija en tierras del prócer Garibaldi (que estuvo sin visa en su tiempo en Cuba), fue testigo de primer orden en el incidente de comedia improvisada. Un “reality show” dirían algunos. Mi vecino Javier también presenció el incidente. Lo contaba con gracia y picardía. “Espérame, Raúl, que me voy contigo”, narra que le anunció uno.
Según la santiaguera, se trataba de “un hombre bien parecido. De unos 60 años y muy bien vestido. Parecía un extranjero”.
Todos obtuvieron visa. Nadie se conocía. Sin embargo, se abrazaron y hasta hubo sus lágrimas de alegría por reencontrarse pronto con la familia o hacer una nueva vida entre pastas, espaguetis y otros platos más.
A poco menos de 500 metros de la embajada se encuentra el teatro Karl Marx donde hace tan sólo unos días, el pasado día 5, otro Raúl Castro con grados de general de Ejército y recién cumplidos los 95 años, fue invocado varias veces ante una multitud de unos 5.000 oficiales. Y no para salir del país ni con carácter temporal…
(Tomado de El Boletín)


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