A partir de inventarios hoteleros disponibles públicamente y de reportes de prensa, las propiedades afectadas por la retirada de Meliá International (15), Iberostar (12), Blue Diamond/Royalton (15), Archipelago/Aston (6) y de la turca ATG Turkey (1) ascienden a al menos 49 hoteles o activos hoteleros, con una capacidad aproximada de 27 500 habitaciones.
Se trata de una cantidad considerable si se compara con la infraestructura turística reportada actualmente por las autoridades cubanas para 2025. Según cifras oficiales, el país cuenta con 84 164 habitaciones hoteleras; operan 19 gerencias hoteleras extranjeras de 10 países, a cargo de 57 291 habitaciones en 153 hoteles.
Sobre esa base, las habitaciones estimadas como afectadas equivaldrían a cerca de un tercio del inventario hotelero nacional y a casi la mitad de las habitaciones bajo gestión extranjera. La cifra debe interpretarse como una estimación. El impacto es particularmente relevante porque el modelo turístico cubano ha dependido en gran medida de cadenas hoteleras extranjeras no tanto como inversionistas de capital, sino como operadores. Para hacerse una idea de este rol, el stock acumulado de inversiones españolas en Cuba, en todos los sectores, asciende a unos 509 millones de dólares al tipo de cambio actual, tras más de tres décadas, una cifra muy modesta. La función principal de las cadenas ha sido administrar instalaciones, aportar marcas, conectar los hoteles cubanos con canales internacionales de comercialización y contribuir a mantener los estándares de servicio.
El marco regulatorio cubano ha permitido tradicionalmente dos formas principales de participación extranjera en el turismo, a las que se sumó, en 2025, el arrendamiento. La primera es la empresa mixta, mediante la cual una entidad estatal cubana y un inversionista extranjero crean conjuntamente una sociedad. Este esquema implica un compromiso de capital más profundo y una mayor exposición para el socio extranjero.
La segunda —y con diferencia la más extendida— es el contrato de administración hotelera. Bajo esta modalidad, la parte cubana conserva la propiedad del activo, mientras que la cadena extranjera se encarga de administrar, comercializar, aportar la marca y apoyar la operación del hotel.
La tercera modalidad es el arrendamiento, la más reciente en ser aprobada. En este esquema, un operador extranjero arrienda y gestiona un hotel de propiedad estatal con mayor autonomía operativa, mientras que el propietario cubano retiene el activo y recibe ingresos por concepto de renta. En principio, esta fórmula podría otorgar al operador un mayor control sobre la contratación de personal y su remuneración, las compras, las importaciones, los estándares de servicio, las inversiones en la instalación y la estrategia comercial.
El primer caso reportado fue el acuerdo de arrendamiento de Iberostar para el hotel Laguna Azul, en Varadero, previsto para comenzar en enero de 2026. Laguna Azul aparece ahora entre las propiedades de las que Iberostar se estaría retirando. Por tanto, la contracción no parece limitarse a los contratos tradicionales de administración hotelera; también alcanza al propio modelo de arrendamiento que las autoridades cubanas habían presentado como una vía para hacer más atractivos los activos hoteleros ante operadores extranjeros.
La carga inmediata recae ahora sobre el socio cubano, ya debilitado por la crisis económica y las sanciones. La entidad deberá asumir los costos fijos de esas instalaciones, aun con ingresos escasos o nulos. Se trata de costos que no dependen del nivel de ocupación, como el personal mínimo, la seguridad, el mantenimiento, la electricidad, el agua, los seguros y el deterioro del propio activo, entre otros.
Encontrar nuevos socios extranjeros será difícil. Cualquier nuevo operador tendría que asumir precisamente los riesgos que las compañías salientes intentan evitar. Además, el problema trasciende la gestión hotelera. La industria turística cubana ha perdido clientes y la demanda se prevé muy débil este año. Sin un horizonte claro de recuperación, pocas cadenas internacionales estarán dispuestas a asumir el riesgo de gestionar activos hoteleros en el país.
El turismo nacional podría compensar parcialmente el choque, sobre todo porque una parte de esa demanda se sostiene con recursos provenientes del exterior. Sin embargo, su potencial de ingresos es mucho menor que el del turismo internacional. En 2024, las pernoctaciones de turistas nacionales en hoteles representaron apenas una quinta parte de las registradas entre visitantes internacionales. En hoteles de gama alta, como muchos de los ahora afectados, esa proporción probablemente fue aún menor.
El turismo internacional se convirtió en uno de los principales sectores de la economía cubana a partir de los años noventa. En el año 2000 sobrepasó a la industria azucarera como el principal generador de moneda extranjera, aunque luego quedó por detrás de los servicios médicos. El número más alto de visitantes se registró en 2018, cuando llegaron unos 4,7 millones. En 2025, esa cifra cayó a 1,8 millones, lo que equivale al 38%. Los arribos en los cuatro primeros meses de 2026 retrotraen la industria a niveles de 1996, aunque desde febrero las caídas son muy pronunciadas debido al agotamiento del combustible de aviación como consecuencia del embargo petrolero de Estados Unidos. El turismo es una actividad fundamental en la Isla, no solo a nivel global, sino también por sus derrames hacia el sector privado, que se ha convertido en un proveedor significativo de bienes y servicios, y hacia las familias.
Fuentes: Portal Cuba | Anuario Estadístico de Cuba (varios años)
(Tomado de Cuba Economic Review)


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