La Habana y sus desafíos
La crisis económica y la presión política marcan el horizonte inmediato de Cuba en un momento de creciente incertidumbre social.
Aurelio Pedroso/La Habana
Cuba afronta una etapa decisiva condicionada por el deterioro de las condiciones de vida y el estrechamiento del margen político. La población encara dos desafíos simultáneos: resistir el impacto de la crisis económica y definir qué espacio queda para reclamar cambios en el país.
Ni tres, ni cuatro ni cinco. Sólo dos. Y aunque parezca sencillo de entender, reina gran confusión cuando desde fuera de la isla ponen ojos y oídos en el acontecer nacional.
La primera, mantener a cualquier precio la soberanía, la independencia, la autodeterminación; la segunda debe venir luego de haber logrado la primera: depurar todo lo dañino que nos afecta, que es bastante.
El primer propósito ya está en marcha. Es claro y contundente. No hay tribuna internacional o callejera donde un simple cubano manifieste su disposición para la paz ante esta nueva arremetida del imperio además de dejar por lo claro la disposición de empuñar las armas llegado el momento.
La segunda es tan compleja o más. El proceso revolucionario pide a gritos una restructuración de pies a cabeza si es que se desea mantener en vigor aquellos ideales que movieron a un puñado de jóvenes a iniciar la guerra por una Cuba libre, soberana, antiimperialista y democrática.
Y ello se puede comprobar en la propia calle, sin convocar a politólogos u otros afines a exponer cansonas diatribas de todo lo mal que estamos padeciendo. Converse con gente común, que por suerte carecemos de analfabetos, para comprobar que hay mucho descontento con la revolución, pero no en contra de ella. Una cardinal diferencia entre ambas posiciones.
Luego entonces, en una nación soberana, democràtica y antiimperialista, tirar a la papelera a burócratas, incompetentes, ausentes de ejemplaridad, corruptos y faltos de visión para los nuevos tiempos que se viven.
Ganar la primera no será misión fácil; la segunda, si salimos vivos y sanos de mente, todavía más difícil.
(Tomado de El Boletín)


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