En las calles de La Habana, la gente llena cubos y recipientes de agua tomándola de depósitos de almacenamiento. (AFP or licensors)
En una entrevista concedida a los medios vaticanos, Giovanni Impagliazzo, responsable para Centroamérica de la Comunidad de Sant’Egidio, afirma que el embargo estadounidense que ya existía sobre la isla «se ha endurecido», impidiendo el abastecimiento de petróleo y generando un bloqueo casi total de la economía. «Para la población civil, esto significa que en los hogares se dispone de electricidad apenas dos horas al día, cuando las cosas van bien.”
Francesco De Remigis – Ciudad del Vaticano
En la ya difícil vida cotidiana de la población cubana crece la preocupación por el deterioro de la situación social y económica. Las nuevas tensiones entre las autoridades del país caribeño y la Administración estadounidense han llevado a varias empresas internacionales a abandonar Cuba. Y desde el 6 de junio, según informó el Banco Central de Cuba, ya no es posible utilizar las tarjetas de crédito internacionales de las redes Visa y Mastercard. Pero es sobre todo la suspensión del suministro eléctrico lo que hace cada vez más complicada la vida en el país, como testimonia Giovanni Impagliazzo, responsable para Centroamérica de la Comunidad de Sant’Egidio, quien relata a los medios vaticanos: “Se tiene electricidad en las casas durante dos horas al día, cuando va bien, y en consecuencia también todo lo que gira en torno a la distribución de la electricidad, es decir, las bombas para hacer llegar el agua a los edificios, el gas y la movilidad interna. En esencia, ya no se puede circular dentro de Cuba; las escuelas están todas cerradas porque los estudiantes no pueden llegar a ellas, pero tampoco los profesores pueden hacerlo y, de hecho, también los hospitales y la asistencia sanitaria viven una situación de enorme crisis, así como el abastecimiento de alimentos, porque no hay camiones o, mejor dicho, los camiones que existen no se desplazan porque no hay combustible”.
Arroz, harina y medicamentos entre las ayudas humanitarias entregadas
En la capital, La Habana, el sábado 9 de mayo llegó el primer contenedor de ayuda con más de 22.000 kilogramos de arroz y harina. Se trata de las primeras ayudas humanitarias fruto de una campaña de recaudación de fondos realizada por todas las Comunidades de Sant’Egidio en el mundo. Y el viernes 15 de mayo partió del puerto de Génova otro cargamento de ayuda humanitaria destinado también a Cuba.
Pero, como explica Impagliazzo, en el contexto actual también la logística para distribuir la ayuda es “muy complicada, porque efectivamente son muy pocas las agencias navieras que todavía llegan a la isla y también es muy complejo el despacho aduanero de estas ayudas precisamente por la falta de combustible, es decir, por la dificultad para mover los contenedores y el material que ha llegado”.
Desde Génova salió un cargamento de medicamentos recogidos en Italia por Sant’Egidio, especialmente en Roma y Milán, también con la ayuda y el apoyo del Banco Farmacéutico: “Son medicamentos muy útiles, en particular para los ancianos, por ejemplo contra la hipertensión, pero también, sencillamente, pomadas contra la sarna y champú contra los piojos. La ausencia de agua ha provocado una explosión de infecciones y de infestaciones parasitarias, por lo que enviamos esta primera e importante ayuda farmacéutica, con un valor comercial de aproximadamente 700.000 euros recogidos en Italia, que está a punto de llegar a La Habana y será distribuida en los centros de acogida de la comunidad y en los comedores”.
Sin gas, las familias se ven obligadas a usar leña y carbón para cocinar
Precisamente los 12 centros de Sant’Egidio presentes en la isla intentan dar un respiro a una comunidad cada vez más golpeada. Porque, señala Impagliazzo, el embargo influye notablemente en la vida cotidiana, “especialmente de los más frágiles. Pueden imaginar lo que significa para una persona mayor de más de setenta años bajar de un edificio sin ascensor e ir a la única fuente abierta del barrio para recoger un poco de agua para beber, pero también para lavarse y para limpiar la casa. Además, como ya no existe ni siquiera el suministro de gas para cocinar en casa, las personas más vulnerables, aunque en realidad todos, se ven obligadas a utilizar carbón o leña, es decir, a encender fuego dentro de un apartamento para poder cocinar un poco de arroz. Esto supone enormes dificultades para cualquier persona, pero se convierte en una tarea casi imposible para los más frágiles, especialmente los ancianos”.
Una situación “decididamente crítica” que Sant’Egidio ayuda a aliviar “también, naturalmente, junto con las parroquias y las diócesis, en particular con la diócesis de Santiago —explica Impagliazzo—. Existe una colaboración muy fuerte con las estructuras de asistencia y apoyo a los ancianos, pero también a las personas con discapacidad y ahora también a los niños, porque con las escuelas cerradas hemos puesto en marcha algunas experiencias que llamamos Escuelas de la Paz”.
Se trata de una especie de “campamentos de verano donde, mediante actividades de animación, se ayuda a los menores a no vivir resignados y deprimidos”. Junto a ellos participan también jóvenes adolescentes que resisten al estrés y continúan ofreciendo ayuda a los más pequeños.
El diálogo con las autoridades y la cooperación con la Iglesia
Según Impagliazzo, en un contexto como este sigue siendo posible y, más aún, cada vez más necesario cooperar: “La estructura de la Iglesia, la Conferencia Episcopal Cubana y también las grandes congregaciones religiosas, como San Juan de Dios, tienen hospitales psiquiátricos autorizados por el Gobierno, y la Comunidad de Sant’Egidio colabora porque los medicamentos que llevamos a Cuba se utilizan también, en parte, para sostener la red de asistencia sanitaria católica autorizada a operar en Cuba”.
Y entre tantos sufrimientos sigue resonando con fuerza el llamamiento realizado por el Papa León XIV el pasado febrero, cuando invitó a “todos los responsables a promover un diálogo sincero y eficaz, para evitar la violencia y cualquier acción que pueda aumentar los sufrimientos del querido pueblo cubano”.
Gestos de apertura y oraciones como signo de esperanza
Las palabras, las esperanzas y las expectativas del pueblo cubano se entrelazan con la acción humanitaria y también estuvieron en el centro de la oración pronunciada por el cardenal Michael Czerny, prefecto del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, durante la Santa Misa por la paz y el desarrollo social en Cuba, celebrada el viernes 15 de mayo en la iglesia romana de San Ignacio de Loyola. Según el testimonio de Impagliazzo: “Todas las noticias de solidaridad, tanto espiritual como concreta y material, son verdaderamente un signo de esperanza para la isla y son acogidas con gran entusiasmo por la población. Y debo decir con sinceridad que, por parte del gobierno cubano, existe el intento de seguir manteniendo abierto el diálogo con la Iglesia católica”.
(Tomado de Vatican News)


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