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Jorge Gómez Barata/La Habana
A propósito del recrudecimiento del bloqueo y la aplicación de medidas extremas contra Cuba, entre ellas el cerco energético y el relanzamiento de las amenazas militares, incluidas las alusiones al empleo de portaaviones, con cierta frecuencia se alude a la Crisis de los Misiles de 1962.
Entonces, a propósito del emplazamiento en Cuba de cohetes soviéticos con alcance de hasta 2000 kilómetros dotados de ojivas nucleares, el presidente Kennedy ordenó el bloqueo naval a la Isla, se profirieron amenazas extremas y se posesionaron medios militares como los que hoy se anuncian, augurando grandes operaciones militares.
Entonces ante las fotos del U-2 que mostraban que se construían rampas de lanzamiento y otras facilidades para el emplazamiento de misiles de alcance intermedio dotados de ojivas nucleares que, dicho sea de paso, ya se encontraban en la Isla, el presidente Kennedy constituyó un Comité de Crisis conocido como EXCOMM.
El EXCOMM, Comité Ejecutivo del Consejo de Seguridad de los Estados Unidos que funcionó como gabinete de crisis, estaba formado, además de por el presidente Kennedy y el vicepresidente Johnson, por los secretarios de estado, defensa, del Tesoro y Robert Kennedy, fiscal general, así como el consejero de seguridad nacional, el director de la CIA y el general Maxwell Taylor, presidente de la junta de jefes de estado mayor. El equipo se completaba con los embajadores en Moscú Llewellyn Thompson, Adlai Stevenson ante la ONU y otros diez altos funcionarios
Desde el primer momento, aquel comité, definió el problema como una “amenaza para la seguridad nacional de los Estados Unidos”, lo cual tenía sentido porque aquellos misiles, que siempre estuvieron bajo el comando soviético, podían alcanzar los centros vitales de los Estados Unidos incluso, según se dijo entonces, ciudades tan alejadas como Seattle a unos 5000 kilómetros de Cuba.
En aquel momento al presidente Kennedy y al EXCOMM no le interesaban el régimen político de Cuba, no tenía en cuenta si el país profesaba el marxismo-leninismo o cual era la situación de los derechos humanos tampoco, según su criterio podía enredarse en negociaciones dilatadas ni en arreglos complicados, concentrándose en el hecho de que se trataba de una cuestión de seguridad nacional por lo cual, el único objetivo era solo: sacar de Cuba aquellas armas o destruirlas “in situ”.
Ante aquella apreciación de la situación, preámbulo para la toma de la decisión, el presidente comenzó a escuchar las propuestas. Según contó McNamara, la propuesta de Maxwell Taylor, secretario de defensa fue sobrecogedora: Invasión inmediata a la Isla, con un bombardeo masivo previo de mil 800 incursiones el primer día.
El ablandamiento artillero sería seguido por el desembarco de cinco divisiones del ejército, tres divisiones de la marina, en total unos 140 mil efectivos, incluidos 14 mil 500 paracaidistas. Sin rechazar de plano aquella opción, Kennedy optó por la idea de establecer un bloqueo naval y dar oportunidades a la diplomacia.
Mientras, mediante los embajadores en Washington y la ONU se presionaba a la Unión Soviética y personalmente el presidente se dirigía a Jrushchov, se procedió a detener e inspeccionar en alta mar a los buques que se dirigían a Cuba, obligando a retroceder a cualquiera que llevara armas ofensivas, se reforzaba la base naval de Guantánamo y se pasaban las fuerzas armadas de los Estados Unidos a la máxima alerta, condición que hicieron suya los aliados de la OTAN y fue replicada por la Unión Soviética y el Tratado de Varsovia.
La estrategia asumía el evento como una cuestión entre Estados Unidos y la URSS, con Cuba como escenario, lo cual impedía que la Isla fuera victimizada y trataba de neutralizar los efectos de cualquier expresión de solidaridad hacia la Revolución. El asunto no era entonces político, sino de seguridad.
Probablemente, en el rediseño de la politica hacía Cuba basada en la intolerancia total, la máxima presión, las acciones extremas como el embargo petrolero y las sanciones secundarias a empresas, países y personas que mantengan vínculos económicos con Cuba y amenazas tremebundas como la de fondear un portaaviones nuclear con un centenar de aparatos y su grupo de batalla frente a la Isla, los improvisados estrategas estimen que es posible, a base de mentiras, exageraciones y presunciones, fabricar un entorno como aquel.
Por todos los medios, incluyendo su participación personal, Donald Trump y Marco Rubio intentan instalar una narrativa, basada no en hechos, sino en una mendaz y extemporánea campaña acerca de que la Isla constituye una amenaza para la Seguridad Nacional de los Estados Unidos, cosa imposible porque la Isla, además de no tener tales intenciones que serían suicidas, carece de los medios económicos y militares para realizarlas ni cuenta con alianzas políticas estatales que respalden tal cometido.
Por el contrario, las autoridades cubanas se esfuerzan por reiterar su voluntad de dialogar, incluso negociar con los Estados Unidos todos los temas pendientes en la agenda bilateral, de lo cual dan fe recientes acciones como, habilitar a funcionarios cubanos para comunicarse con homólogos norteamericanos y recibir con expresiones positivas a enviados estadounidenses, entre ellos el director de la CIA John Ratcliffe y el jefe del Comando Sur, general Francis Donovan
Finalmente, la crisis se solucionó por vía diplomática y después, corrió el agua bajo los puentes, colapsó la Unión Soviética y desapareció el campo socialista, Cuba redujo acero su actividad militar internacionalista y sus posibilidades para adquirir medios militares fueron anuladas por la crisis económica y por la negativa de cualquiera de los productores de armas a suministrarla.
Entonces, con la economía en caída libre que ahora parece tocar fondo, el país concibió una doctrina exclusivamente defensiva y autóctona basada en sus propios esfuerzos y en la participación popular que denominan guerra de todo el pueblo.
Actualmente, no existe ni la menor similitud con la situación que estuvo vigente en 1962 cuando se desató la Crisis de los Misiles y la idea de que Cuba pueda representar una amenaza para la seguridad nacional de los Estados Unidos es una peregrina fantasía.
Exceptuando a los estados europeos, atrapados en el estancado conflicto entre Rusia, Ucrania, la OTAN y los Estados Unidos, uno de los pocos países del mundo cuya seguridad nacional está abiertamente amenazada es Cuba, hostilizada por Estados Unidos que cuenta, no con uno sino con 11 portaaviones y 70 submarinos, todos nucleares, alrededor de 2.000 aviones de combate manejados por unos 40.000 pilotos de combate en servicio y 1 328.000 militares activos y casi un millón en reserva.
Quien debe estar preocupada y temer por la seguridad de la nación y la supervivencia de su pueblo es Cuba que se prepara para dos escenarios: dialogar con Estados Unidos y defenderse de su agresión, incluso hacer las dos cosas a la vez. No hay una tercera opción. Allá nos vemos.
(tomado del diario ¡Por esto! )


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