Es en medio de la tormenta, cuando la vista y el pensamiento deben estar más alerta.

Por Dr Julio Carranza

Las noticias se precipitan y el cerco contra Cuba se aprieta fuertemente, a la larga sucesión de hechos se suman ahora la retirada de Meliá (impacta a más de 15 hoteles) y el cese del funcionamiento de tarjetas de crédito y débito Visa y Mastercard en Cuba, ambas cosas son hechos derivados de la presión enorme de la política norteamericana, según lo declarado desde allá, para mediados de junio ya estarían activadas las llamadas sanciones secundarias a las empresas que mantengan relaciones con Cuba. Era de esperar, de prever y seguramente habrá más.

El tiempo que va pasando hace más evidente dos cosas, la primera, que la política genocida que se ejerce contra Cuba no tiene límites, la segunda, que no se hizo suficientemente lo que se tenía que haber hecho y lo que se tenía que haber integralmente transformado desde hace mucho tiempo, es una cuestión sobre la cual hemos insistido sistemáticamente con argumentos y evidencias, obvio que nunca nadie tiene la verdad absoluta, pero lo que sí era una certeza es que el asunto debió haberse discutido de manera más participativa y más profunda.

Ahora la situación es la que es y se debe enfrentar con audacia y responsabilidad, claro que bajo cualquier circunstancia lo primero es la defensa de la soberanía nacional. Lo mismo en un escenario de agresión máxima como de negociación razonable.

También se precipitan muchos tratando de colocarse en esta coyuntura crítica. A nivel de la economía aparecen “propuestas”, varias de ellas proveniente de instituciones con sede EEUU, con sus integrantes de siempre y algunos “fellow travelers” que se le suman tratando de ganar una fuerza que solos saben que no tendrían. No hay nada que ya no hayan dicho en lo que se presenta desde esos grupos desde EEUU, por más que todas las consideraciones deben ser parte del debate.

Vale la pena recordar, que de lo que se debe hacer para cambiar un modelo económico que es obsoleto hace años, muchos economistas en Cuba venimos hablando y debatiendo y escribiendo y actualizando con fundamento.

Cualquier cambio, entendemos, debe preservar la soberanía nacional, la justicia social y establecer un horizonte estratégico para el desarrollo económico y democrático, pero nunca debería nacer de una intervención extranjera, sea esta más o menos violenta.

De hecho, nuestro libro de 1996, editado en Cuba y en varios países, trata en extenso sobre esto, precisamente y debido a que siempre hubo concepciones diferentes, incluye además un capítulo que evalúa críticamente lo que allí llamamos “otras propuestas desde el exterior”, no muy distintas en esencia a las que desde aquel mismo lugar se presentan ahora. Esto se reitera en otros textos sobre el tema que hemos publicado a través de toda estos años hasta hoy.

Seguramente, se podrán encontrar muchas coincidencias en el diagnóstico de la situación, porque la realidad es una sola y cualquier análisis lucido y fundamentado encontrará importantes lugares comunes, sin embargo, en cuál debe ser el sentido y el contenido de la transformación, o sea, en la terapéutica, seguramente hay muchas diferencias, no todos tenemos el mismo horizonte acerca de cuál debe ser el futuro de la nación, en el fondo hay una lucha política e histórica.

Creo que muchas de esas consideraciones que con frecuencia aparecen ahora, miran la solución más en el pasado, en la restauración, aunque lo nieguen con una retórica vacía, cuando creemos que la vista debe estar en el futuro, en el progreso.

Es obvio, que hay muchos colocándose para ser “contemplados” en una “transición” que creen, suponen, que llegará con las bayonetas o la “negociación” con los EEUU, da igual. Muchos que de manera vergonzante tratan de buscar nuevos liderazgos y perdones por su vieja militancia política, la que no en pocos casos fue doctrinaria y extremista, el giro radical es la lógica natural de los conversos, la historia está llena de eso.

Negociación con dignidad y limites claros sí, entrega del país no, bajo ninguna circunstancia. Una negociación aceptable para el país sería el escenario más deseable y es posible encontrar acuerdos, de hecho hay algunos pronunciamientos desde EEUU que apuntan en ese sentido, sobre eso hay que continuar trabajando sin dogmas, aunque no es fácil que se logre frente a tanta irracionalidad y agresividad extrema.

Es obvio que aún para la reforma necesaria y para salir de la crisis energética se necesita, además de ideas claras, financiamiento y compensaciones externas, es preciso trabajar por encontrarlas y la negociación es el mejor escenario para eso, pero no a cualquier precio.

Por ejemplo, mirando los contenidos de la Ley Helms Burton, el espinoso tema de las nacionalizaciones se puede negociar, es un tema complejo cuando se va a los detalles, pero se puede negociar, lo otro de la Helms Burton es una tensión con otros países, ahí basta poner las evidencias de la extraterritorialidad sobre la mesa.

La participación de inversiones norteamericanos en diferentes e importantes sectores de la economía se puede negociar, etc, los límites de lo no negociable son: el sistema político (mismo que debe ser también objeto de transformaciones, pero no un objeto de negociación), el control de los recursos principales del país, el carácter socialista del nuevo y necesario modelo económico, las políticas de justicia social, el control de la banca, la política exterior y de defensa, etc.

Aquí no hay soluciones fáciles, hay mucho por cuestionar, muchos errores por superar y en la isla hay mucho conocimiento, capacidad de propuesta y compromiso con un futuro justo, sin dogmas, pero también sin tutelage ni renuncia a la autodeterminación. Las propuestas con un horizonte claro, fundamentación técnica y sentido político a la vista están.

Es absolutamente cierto que las numerosas propuestas y análisis que desde el interior de Cuba y provenientes de personas calificadas y comprometidas se han presentado no se han tenido en consideración, sistemáticamente se les ha condenado al margen, eso creo francamente que ha sido un error, ha sido una actitud que se ha reiterado hasta hoy, probablemente la deriva actual de la crisis haga más evidente el tiempo y los aportes que se han despreciado, sin embargo, la voluntad de contribuir de muchos está intacta y con más razón ahora, a pesar de los palos que ha dado la vida.

Es preciso retomar la iniciativa, aprobar e implementar medidas necesarias con sentido estratégico, “mover el tablero” para responder a la agresión, no es poco lo que se puede hacer a pesar de las circunstancias. La situación es sin dudas muy difícil y el tiempo muy, muy tenso, pero habría que avanzar contra el viento y la marea.

(Tomado de Cuba y Economìa)

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