Jorge Gómez Barata/La Habana
La paradoja de la ONU es que los cinco países miembros permanentes del Consejo de Seguridad, Estados Unidos, Rusia, Gran Bretaña, Francia y China, responsables del mantenimiento de la paz a escala internacional son los únicos con posibilidades de alterarla profundamente. Para más ironía estos países rinden cuentas por las violaciones de la Carta, ante sí mismos y para mayor desgracia, cada uno puede vetar la condena, incluso la más tenue crítica a ellos y a sus aliados cuando incurren en violaciones que dan lugar a graves alteraciones de la paz.
Según la Universidad de Uppsala Suecia, en el período comprendido de 1945 y 2023, han ocurrido casi 300 confrontaciones armadas entre estados. En 2025 se contabilizaron unas 60 y, en lo que va de 2026 son casi 100. En la mayor parte de ellos las potencias, especialmente Estados Unidos han estado involucrados. En ese período histórico los mayores conflictos armados fueron los de Corea (1950-1953) y Vietnam (1961-1973); mientras los más antiguos, son los de Israel con árabes y palestinos y el de Estados Unidos con Cuba en torno a la cual se renuevan las amenazas.
No obstante, esta miríada de contenciosos bélicos, por su escala y por ocurrir en países periféricos y no enfrentar militarmente a unas potencias contra otras, no han tenido impactos globales, cosa que ocurre con la guerra que se libra en Europa que involucra a la OTAN donde militan tres de las cinco potencias mundiales, incluido Estados Unidos contra Rusia. Esta guerra ha ocasionado un daño catastrófico y probablemente irreversible al sistema de relaciones internacionales establecido a partir de 1945 que tiene como base a la ONU, especialmente al Consejo de Seguridad que ha sido paralizado.
Para tratar de paliar la situación creada, el presidente Xi Jinping, en significativa sucesión, con pocos días de diferencia, recibió a Donald Trump y a Vladimir Putin, actores principales del conflicto armado en Europa, a quienes recordó sus obligaciones para con la Carta de la ONU, basada en la igualdad soberana de los Estados, el respeto a la soberanía nacional, y la Integridad territorial.
A propósito, al asumir la presidencia rotatoria del Consejo de Seguridad, China convocó a ese órgano a una sesión extraordinaria, precisamente para tratar la necesidad del respeto a las disposiciones de la Carta y del sistema político internacional sustentado en ella.
En la reunión del Consejo de Seguridad, el canciller chino Wang Yi rechazó la injerencia de unos países en los asuntos internos de otros, criticó las violaciones de la soberanía nacional, defendió la integridad territorial de los estados y llamó a aplicar el precepto de la Carta que insta a la solución negociada de los conflictos, cosa que para algunos países debe haber sido como “mencionar la soga en casa del ahorcado”.
“El caos que impera en nuestro mundo dijo no es porque la Carta esté obsoleta, sino porque el orden internacional y las normas no se aplican de forma completa”. Como corolario llamó a recordar la “Visión fundadora de la Carta que descarta el uso de la fuerza y el intervencionismo.
En su alocución, aunque una más, una magnífica pieza, el jerarca chino llamó a rechazar la “glorificación de la historia de la agresión”, y a preservar los entendimientos alcanzado en la II Guerra Mundial como base del orden global”, advirtiendo sobre la aplicación de dobles estándares por parte de algunos países, señalando que las principales potencias deben liderar con el ejemplo y evitar criterios selectivos.
En esa reunión del Consejo de Seguridad donde las potencias, excepto China, hicieron como que no se referían a ellas, en una dramática apelación, Cuba levantó su voz para reiterar el recrudecimiento del bloqueo que por más de 60 años ejerce sobre ella el gobierno de los Estados Unidos, denunciar la privación total de la entrada de combustible mediante un virtual cerco naval, la inédita persecución de su comercio y sus gestiones financieras, a lo cual se han sumado amenazas de una inminente agresión militar.
En cualquier caso, aunque, en la actual coyuntura es imposible augurar un resultado positivo, no queda otra cosa que recordar que: “No hay peor gestión que aquella que no se hace” · Allá nos vemos.
(Tomado del diario ¡Por esto! )
Paradoja de la ONU


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