Trump intenta apoderarse de Cuba sin disparar un misil

(Foto: Europa Press/Contacto/Bonnie Cash)

Las maniobras de Washington sobre la minera Sherritt alimentan en Cuba la percepción de que Trump busca controlar sectores estratégicos de la isla mediante presión económica y operaciones empresariales, no por la vía militar.

Aurelio Pedroso/La Habana

Ya lo han dicho varios entendidos, que míster Donald Trump para lo menos que está es para una guerra. Y si es cerca de su mansión en la Florida, mucho menos. Un conflicto bélico en última instancia. Provocar, arrinconar, chantajear e ir luego al “business”. Más que guerrerista de oficio es un consagrado hombre de negocios.

No está tan desquiciado como muchos le cargan.

La noticia llega de fuente fiable. Espero no cogerme el trasero con la puerta. Las autoridades cubanas y los analistas especializados en este asunto guardan, como es costumbre, total silencio. Tal parece que piensan que los demás nos enteremos por otras vías no muy serias y no por la oficial o por un simple comentarista que se atreva a exponer par de ideas de su propia cosecha.

Un muy allegado al presidente gringo, llamado Ray Washburne, gestiona la compra del 55% de la minera canadiense Sherritt Internacional. La Sherritt, como se conoce, anunció recientemente, que se marchaba de Cuba por presiones de la Casa Blanca hacia la compañía y sus principales directivos.

No estaba terminando de decir adiós por unas tres décadas en Moa y con la misma informó que no, que no se iba. Un estira y encoje, como decimos los cubanos, difícil de entender para el ciudadano común. Algo pasó que no aún no está muy claro que digamos.

Presume bien cierta esta jugada del emperador Trump porque, además, entre tantas decisiones que cambia de la noche al día, esta se ajusta a una de sus intenciones de negocios nada más ni nada menos que en un sector estratégico (níquel) para la economía cubana que por sí sola no lograría levantar cabeza sin un socio que ponga capital, tecnología y mercado.

Exasesor de la Casa Blanca, recaudador de fondos para el partido Republicano, Washburne está cumpliendo disposiciones de Trump.

Un amigo, conocedor de las andanzas trumpistas, asegura con sobrada razón que “crea incertidumbres, una estrategia bien diseñada”.

En algún momento, ojalá no sea muy tarde, alguien en Cuba nos podrá esclarecer si del sombrero del mago sale una liebre o un trozo de níquel más cobalto camino de Canadá, EEUU o China…

(Tomado de El Boletin)

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