Jorge Gómez Barata/La Habana
Por su volumen, por la producción de valores, la cantidad de puestos de trabajo que genera y los modos cómo participan en el desarrollo; las guerras, las industrias de armamentos y las infraestructuras que requiere la esfera militar son una de las más importantes ramas de la economía global. Paradójicamente, además de proveer bienestar, en breves plazos ocasiona millones de muertos, mutilados, huérfanos y viudas; arruina países y ocasiona indecibles sufrientes por lo cual no tendrían razón de existir.
Las armas no provocan las guerras, sino a la inversa. Las unas demandan a las otras. Las guerras son aberraciones civilizatorias que incluso contaminan la paz. De modo inaudito, en épocas de paz los ejércitos se entrenan para cuando llegue la guerra y, los fabricantes de armas convencen a los clientes mostrando como bondades las muertes que pueden causar las armas que ofrecen, privilegiando a las más letales.
Las armas son refinados artículos industriales, algunos productos elaborados por la industria pesada con la metalurgia más avanzada, productora de aceros y materiales especiales, entre ellos uranio empobrecido. En muchos aspectos, los ámbitos militares contribuyen poderosamente a las investigaciones científicas aplicadas, al desarrollo industrial y económico. Sirvan como ejemplos las industrias aeronáuticas y aéreo espaciales.
En las últimas décadas, a los espacios militares se han sumado los drones, vehículos aéreos tripulados a distancia, para todos los usos y operaciones que están revolucionado una esfera tan exigente y económicamente solvente como la aeronáutica. Probablemente en pocos años, la aviación de combate, incluso la comercial, como hoy se les conoce, habrán desaparecido cediendo espacios a los robots voladores, fabricados y operados con electrónica avanzada, computación e Inteligencia Artificial (IA).
Según estimados, en 2026 contando todos los usos y categorías (excepto los juguetes), en el mundo se producirán hasta 15 millones de drones, desde los sensacionales MQ-9 Reaper, hasta los de un sólo uso y bajos costos. La mayoría de los drones de designación militar son producidos en los países industrialmente avanzados que son militarmente los más activos y se destinan a los frentes ruso-ucranianos, a la guerra entre Israel y Estados Unidos contra Irán y al genocidio en Palestina donde muchos son usados como proyectiles. La esperanza de vida de la mayoría de los drones es de un día.
Según trascendidos Rusia tiene capacidad para fabricar 15 millones de estos aparatos al año y Ucrania siete. Para 2030 Taiwán se propone fabricar cien mil cada mes. La mitad de ellos para la exportación, lo cual le reportará ingresos por 5.000 millones de dólares. Ucrania libra una guerra campal, en varios frentes y a grandes distancias, incluido el interior de Rusia y lo hace a base del empleo masivo de drones, la mayor parte de ellos de un solo uso.
Entre los drones militares más avanzados del mundo figuran: (1) MQ-9 Reaper, de Estados Unidos, vehículo de exploración y ataque, puede operar a grandes alturas y distancias, alcanza velocidades de casi 500 k/h y una autonomía de 42 horas. Puede cargar casi 4000 libras y su armamento consta de misiles y bombas de alto poder las cuales operan con precisión milimétrica. Cada unidad puede costar alrededor de 30 millones, incluyendo estaciones de vuelo y control. Cada hora de vuelo significa un gasto de 4.000 dólares. Opera mediante sistemas típicos formados por cuatro aparatos
(2) RQ-4 Global Hawk (Estados Unidos) Es lo máximo para realizar exploración a velocidad de unos 600 k/h desde alturas de hasta 18. 000 metros. Opera a enormes distancias y permanece en el aire hasta 30 horas. Habilitado para la transmisión de datos y fotos en tiempo real, tanto de día como de noche y en condiciones climáticas complicadas. Puede portar 680 kg de armamento. Cada unidad cuesta casi 300.000 dólares
(3) Bayraktar TB2 (Turquía) Puede volar a alturas de 27.000 pies durante unas 27 horas. Transporta hasta 150 kilogramos de misiles y bombas para utilizarlas contra blindados y fortificaciones. Se considera eficaz frente a las contramedidas electrónicas. Ha sido utilizado en Siria, Libia y Nagorno-Karabaj y otros conflictos. Con este y otros modelos, Türkiye se ha convertido en uno de los grandes fabricantes de drones.
(4) CH-5 Rainbow Arco Iris (China). Se le compara con los mejores drones del mundo, aunque cuesta la mitad del dinero que otros. Puede volar durante 60 horas, a velocidades de hasta 500 km/h y distancias de 10.000 km con cargas de 1.000 kilogramos. Es portador de misiles y bombas. Realiza exploración de alta resolución y precisión. Entre tanto, el Hermes 900 de (Israel) es idóneo para misiones tácticas a distancias y altitudes medianas, con autonomía para operar durante 30 horas a alturas de unos 10,000 metros con 300 kilos de carga.
China es el líder en la fabricación de drones de uso civil, mercado que en 2026 puede alcanzar los 2.500 millones de dólares, le sigue Rusia que basa su desempeño en una combinación de patentes propias y adquiridas, así como componentes nacionales e importados. Irán es líder en aparatos de bajo costo y de un solo uso, mientras Ucrania encabeza la fabricación de drones para operaciones militares. Sus aparatos de bajo costo, utilizados como proyectiles son de eficacia probada. Israel. Pakistán y Polonia los producen en colaboración con la Unión Europea y la OTAN lo cual le proporciona ventajas. Otros grandes de la industria son: Corea del Sur, Francia, Alemania, Reino Unido, Australia y otros.
Entre las empresas, la principal fabricante de drones de uso militar es Lockheed Martin Corporation de los Estados Unidos. Su surtido incluye aparatos no tripulados para misiones tácticas de inteligencia, vigilancia y reconocimiento (ISR) y misiones autónomas. Sus drones RQ-170 Sentinel e Indago dan soporte a operaciones militares avanzadas.
Al margen de las misiones encubiertas de máximo secreto que seguramente son numerosas, el país que ha utilizado más drones militares en otras naciones es Estados Unidos que ha operado aparatos en Irán, Afganistán, Libia, Irak, Siria, Pakistán, Somalia, Yemen, Colombia, Haití, México, Corea del Norte, Filipinas y Turquía y más recientemente en Cuba donde ha comenzado a emplearlos para exploración y espionaje.
Se necesita ser imbécil para considerar que Estados Unidos o cualquier otra potencia pueda ser amenazado por un país que como Cuba no fabrica estos aparatos, no los puede adquirir legalmente porque nadie está en disposición de vendérselos. Si en tales condiciones la Isla pudiera tener algunos, nunca significaría un peligro frente a portaaviones y destructores fondeados ante sus costas. Da pena decirlo, pero 300 drones frente a Estados Unidos, serían como el clásico merengue a la puerta del colegio. Allá nos vemos.
(Tomado del diario ¡Por esto!)


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