Abordó un triciclo eléctrico para terminar con chequeo médico especializado

Triciclo eléctrico circulando por una calle de La Habana (Cuba)

La crisis económica empuja a médicos cubanos a abandonar los hospitales mientras escenas cada vez más surrealistas revelan el profundo deterioro social y profesional que vive la isla.

Aurelio Pedroso/La Habana

No me voy a cansar en sostener que Cuba resulta un ejemplo incuestionable de surrealismo, de lo real-maravilloso, de lo absurdo como cotidiano o de un término a dilucidar por un grupo multidisciplinario de eminentes sociólogos, psicólogos y lingüistas de alto vuelo.

Al borde de un conflicto armado con el imperio, sumada a una crisis sin precedentes por sobrevivir a como dé lugar, ocurren acontecimientos que le estremecen las entendederas al más ecuánime y coherente de los ciudadanos.

A unos podrá sorprender; otros lo observarán como ya habitual al tiempo que expondrán ejemplos similares de profesionales que han abandonado su profesión por razones económicas.

Me lo cuenta un viejo amigo y colega que supone su medio de prensa nunca le publicaría la nota.

Resulta que toma uno de esos triciclos eléctricos chinos privados y estatales que inundan ya la isla en sustitución del deficiente transporte público. Más de un millón según reciente informe policial. Al culminar el recorrido, con las nalgas hecha trizas por los baches en la vía e insuficientes amortiguadores, le pide al conductor paciencia para poder descender del “Riquimbili”, que es como popularmente le llamamos a ese medio de transporte.

Le explica, además, que tiene una rodilla bien jodida, con dolor e inflamación, que ya no está  en aquellos años mozos en que saltaba como un conejo en busca de pareja. El conductor se desprende del timón, cobra el importe conveniado y pide examinarle la rodilla. Preguntas van y vienen, que si duele aquí o allá, sondeo de posibles medicamentos y diagnóstico final avalado, casualmente, con documentos oficiales que certifican su condición de médico con especialidad en ortopedia.

Vamos que, con suerte, durante un viaje por razones domésticas o laborales, usted podría llegar a su destino con una muela de menos u operado de amigdalitis.

Las razones de tal escena no hay que buscarlas en el inclemente bloqueo imperial, que bastante daño hace en el sector de la salud, sino en la errónea política gubernamental de no favorecer económica y asistencialmente a quienes velan por lo más sagrado que tiene un ser humano: la vida.

Quien me salvó de una probable muerte en julio del año pasado por un cáncer de vejiga no puede ganar menos que un custodio de una Mipyme. Esto, honorables ministros vinculados al tema y diputados al Parlamento, aplicable para tiempos de paz y de guerra también.

(Tomado de El Boletin)

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