Manuel Juan Somoza/La Habana
Como casi siempre en los últimos meses escribo a la carrera -ustedes saben la razón- y apelando sobre todo a la memoria. Es imposible asumir la práctica del avestruz de meter la cabeza en un hueco ante la fabricación de un nuevo pretexto que justifique una acción militar contra Cuba.
Y eso acaba de ocurrir a bombo y platillo en el Distrito Sur de Florida, al tiempo que con similar fanfarria mediática se anunció la llegada al Caribe del portaviones USS Nimitz. El escenario, por tanto, vuelve a ser de guerra o al menos es la intención publicitaria.
El pretexto le dio la vuelta al mundo en cuestión de minutos: “Estados Unidos imputó este miércoles al expresidente cubano Raúl Castro los delitos de asesinato, conspiración para matar a estadounidenses y destrucción de una aeronave por la muerte de cuatro pilotos de la organización Hermanos al Rescate hace 30 años”.
Fueron imputados igualmente otros cinco cubanos, uno de ellos detenido en EU.
Es decir, sacan de la historia un hecho cierto, lo presentan a partir de sus intereses políticos, los ultraconservadores baten palmas con frenesí -quedan satisfechos- y pasa otra fecha que, según la misma propaganda originada allá, sería el día escogido, HOY, para los bombardeos que se vienen anunciando desde hace cuatro meses.
Entonces, como se trata de apelar al recuerdo para justificar un fin, apelo a los míos, similares sin dudas a los de muchos habaneros, con la visión perfecta de aquel día y de al menos una avioneta sobrevolando la barriada habanera del Vedado, lanzando octavillas llamando a la sublevación “contra el régimen”.
Recuerdo a nuestra amiga argentina Amalia Sanmartino, vecina del edificio situado en Línea y calle 2, mostrándonos a Vivian y a mí las octavillas, y estaba colérica porque aquello, en su opinión, era inadmisible. “¿Hasta dónde van a llegar esta gente?, preguntó sin saber que esa sería LA ÚLTIMA INCURSIÓN al interior del territorio nacional.
Ocurrieron otras incursiones en días anteriores, La Habana solicitó a Washington que adoptara medidas para evitar, lo que al final ocurrió, pero como casi siempre sucede en esta larga confrontación estadounidense-cubana, los vuelos nunca fueron prohibidos y al final , los muertos los pusieron ellos.
No apelaré a evidencias técnicas que abundan y están debidamente registradas, sobre el origen y desenlace de este acontecimiento trágico. No lo haré porque están al alcance de quien quiera conocer la otra cara de este desastre. Simplemente, apuntaré el detalle de que el jefe de la acción José Basulto –“El capitán araña”, lo bautizaron desde aquel día sus propios subordinados- nunca se mantuvo en el espacio aéreo cubano, regresó ileso a Miami y hoy contó entre los que batieron palmas.
¿Se armó el muñeco para atacar a mi país en aras del “derecho” y de la “libertad”?. Veremos. Aquí, ¡SEGUIMOS!


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