OTRO MARTES DE PELEA

Manuel Juan Somoza/La Habana

Tengo agua en el tanque de casa, alimentos hasta mañana, la laptop cargada y supongo que la electricidad volverá, al menos por cuatro horas.

Me repongo a media máquina de muchas horas sin dormir, de las dos rodillas aguijoneadas siempre en las madrugadas, mientras Vivian se reparte entre la edición de tres libros y la preparación del almuerzo, a la espera de una reunión pendiente en la editorial “Capitán San Luis”.

Leo temprano la crónica habitual de Aurelio Pedroso recordando aquello de que en cualquier situación extrema, el optimismo es tan o más importante que el agua para sobrevivir, sonrío, no sé por qué, y paso a desentrañar las informaciones que llegan sobre la eventualidad de que un segundo petrolero ruso toque puerto, con autorización de Washington.

“¿Y si fuera cierto ese anuncio, qué implica?”, me pregunto y de varias respuestas guardo dos, como parte de ese indispensable ejercicio de pensar con cabeza propia: La primera, reiteración de que ellos son los que mandan, al menos en esta parte de la aldea; la segunda, recordatorio de que cualquier negociación entre Estados Unidos y Cuba partirá de ese desbalance de fuerzas.

Acto seguido irrumpe el razonamiento atribuido a Gandhi de que mañana, tal vez, debamos admitir que peleamos y fuimos derrotados, aunque esa siempre sea mejor variante que la derrota sin atrevernos a pelear.

Constato entonces que las cubanas y los cubanos vivimos en pelea permanente desde hace mucho más de medio siglo por creer en la necesidad de cambiar las cosas que iban mal, pese a que no todo salió como soñamos -la vida no es en blanco y negro-, y entre esas remembranzas y puntos de vista me empino a fin de subir la cuesta cotidiana.

Ando en viaje de regreso a la semilla, pero hoy tengo agua, alimentos y espero contar al menos con cuatro horas de corriente, suficiente para dejar nueva constancia de cómo van las cosas en mi isla este martes de mayo, tan parecido al anterior que asusta.

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