Manuel Juan Somoza /La Habana
Conocer o tener alguna idea de cómo interpretan la vida quienes dicen la ÚLTIMA PALABRA hoy en Cuba y Estados Unidos, es necesario para sobrevivir en la isla al cerco impuesto desde el Norte e incluso a fin de que no sean vanas las esperanzas de victoria por sobre lo que diga la propaganda de un bando u otro.
CUBA
MI generación (tengo 80 años), y al menos dos más, siempre supo que durante medio siglo y tanto el liderazgo de Cuba tenía un único nombre, Fidel Castro. E impulsada por su conducta pública, se agrupó la mayoría de los cubanos que viven en el país sobrepasando ahora los 60 años de edad.
De su pensamiento y accionar conocieron también DIEZ administraciones en la Casa Blanca; los mandantes soviéticos que pactaron con Washington a espaldas de La Habana durante la crisis de los cohetes nucleares; el entonces secretario general de la ONU, que propuso enviar a la isla una fuerza de cascos azules, detenida antes de desembarcar; y hasta otros enemigos con quienes Fidel negoció entendimientos, incluso antes de entrar victorioso a Santiago de Cuba.
No obstante, hoy el MANDO DECISIVO parece repartido. El general de cuatro estrellas, Raúl Castro, sigue teniendo la ÚLTIMA PALABRA en un equipo que integrarían los generales de tres estrellas Álvaro López Miera, titular de las FAR, Roberto Legrá Sotologo, viceministro primero de las FAR; Lázaro Alberto Álvarez Casas, titular del MININT; y Miguel Díaz- Canel, primer secretario del PCC y presidente de la República.
A ese nivel, considero, se decide si continúan las conversaciones con EU, si se abren negociaciones y cuál sería la línea roja. O lo que es igual, en sus manos estarían nuestras vidas y el futuro inmediato de la Nación. Las estructuras formales, Buró Político y Comité Central, ratifican o no las decisiones adoptadas.
O al menos, así interpreté el anuncio hecho por Díaz-Canel al Comité Central primero y después a los cubanos para confirmar en marzo pasado el primer diálogo entre La Habana y Washington. La decisión se adoptó, dijo, “de forma colegiada” por Raúl Castro, él y miembros del gobierno, el Estado y el PCC.
ESTADOS UNIDOS
El gigante norteño cuenta con un liderazgo fuerte y desbocado, Donald Trump. Su secretario de Estado, Marco Rubio, tiene su agenda personal con vistas a llegar a la Casa Blanca y se apoya en los cubano-americanos conservadores -piden en un plato la cabeza de los comunistas en la isla-, pero la ÚLTIMA PALABRA, es de Trump.
Según la información disponible, Trump más que político es un negociante, especie de showman que con esa finalidad sabe usar sus capacidades histriónicas. Y en su juego constante de garrote y zanahoria parece decidido a encontrar un buen negocio en la isla (turismo o níquel) y sabe que el COSTO ECONÓMICO sería mayor -no creo le importen el humano y el político-, si antes decide atacar militarmente al país.
Sin embargo, desde Miami, base ultra conservadora, los pretextos para una agresión militar se fabrican al por mayor y a la carrera: los “cientos de drones” con que los cubanos “atacarían” Key West y la base estadounidense en Guantánamo o la presunta responsabilidad de Raúl Castro en el derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate, en 1996, o cualquier otro que podría armarse mañana
¿HAY CAMPO PARA UNA NEGOCIACIÓN ENTRE LA HABANA Y WASHINGTON?
¡S!í, hay terreno para negociar, evitar un ataque militar y mantener la soberanía nacional. El deshielo pactado entre Washington y La Habana, Raúl Castro no lo condicionó al levantamiento del bloqueo estadounidense de más de 60 años y Barack Obama no pidió un “cambio de régimen”.
No obstante, hoy EU está a la ofensiva y Cuba a la defensiva, el sector cubano-americano influye, aunque no determine, y Rubio tiene que cuidar a sus votantes en su aspiración presidencial.
Es más complicado el juego, empero será a Trump, por tener el sartén en mano, a quien la corresponda decidir si subordina la política a un buen negocio en Cuba, y a Raúl Castro, 94 años, y a sus colaboradores (de los cuales solo es conocida la trayectoria pública de López Miera y Díaz-Canel) definir hasta dónde se puede ceder, sin cruzar la línea roja.
En Venezuela, Trump y Rubio lograron victoria, no así en Ucrania, ni en Irán. La apuesta de Cuba, sigue sobre la mesa y yo hoy, pese a las 20 horas de apagón que me han sonado por tercer día consecutivo, veo alejarse un poco, solo un poco, la confrontación armada.


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