Embajada de EEUU en Cuba
La visita del jefe de la CIA a La Habana y el silencio oficial alimentan las especulaciones sobre posibles cambios políticos en medio de la profunda crisis cubana
Aurelio Pedroso/La Habana
Volteretas que da la vida con la política de acompañante en estos tiempos tan convulsos que vivimos y donde, como pocas veces, reina una gran incertidumbre en la isla porque pocos o nadie con dos dedos de frente y sin excesivos apasionamientos, osa pronosticar el futuro inmediato.
Y en ello, la CIA ha jugado un importante papel para crear y fomentar desorden, indiferencia, poca claridad en vitales asuntos de interés general, descontentos y muchas cosas màs favorecidas, indirecta o directamente, por el secretismo de gran calado que sostienen las autoridades.
Donald Trump y Xi Jinping en un banquete de excelentes platos y elogios mutuos. Xi diciéndole por lo claro al de la Casa Blanca que resultaba mejor “ser socios y no rivales”. El otro, visiblemente contento, con sus disparates acostumbrados, que mire usted ese trabajo de los chinos con el ferrocarril de este a oeste, los restaurantes de los de mirada oblicua y esa figura de Confucio, tallada en fina madera, que permanece en importante sitio en EEUU. Copas en alto y a brindar.
Con sólo horas de diferencia, lo que nadie suponía ni esperaba en Cuba: la llegada a La Habana del número uno de la central de inteligencia estadounidense, CIA, una institución que si fuera al famoso libro de Guinness es precisamente aquí donde más se le ha criticado, denunciado y culpado de infinitas atrocidades cometidas contra la revolución cubana, sus principales dirigentes y pueblo en general.
Mucho que se ha especulado en torno a la presencia de John Ratcliffe. Diría que demasiado frente a un silencio casi sepulcral donde ninguno de nuestros analistas oficiales se ha parado frente a una cámara para exponer sus consideraciones. Con ello, ante tan persistente oscuridad -y no por los apagones-, corren rumores y versiones no desmentidas ni confirmadas.
La CIA, a lo largo de esta eterna confrontación por más de seis décadas, ha recibido contundentes respuestas de los servicios de inteligencia cubanos. De igual modo, no debe subestimarse su accionar. Mucho cuidado no fuera Alejandro Gil, ex viceprimer ministro, el hombre seleccionado para el cambio que exige Washington.
Y vaya usted a saber si míster Ratcliffe no se haya reunido también con sus aliados en Cuba pertenecientes a la burocracia feroz, esa que nada controla y descontrola todo.
Entretanto, ahí están esos cien millones de dólares de donativo en cínica ocasión. El verdugo concediendo un respiro antes de guillotinar a su víctima. Cuba le ha dado el beneplácito a tal ofrecimiento tras señalar que con la iglesia católica hay gratas y significativas experiencias. Cien millones, ha sostenido el presidente de la República, para petróleo, alimentos y medicinas.
No nos llamemos a engaños ni ilusiones en cóctel con ron callejero. Cuba vive y padece una multicrisis que requiere solución inmediata consecuente con un sabio e inteligente proceder. “Cambiar todo lo que deba ser cambiado”, dijo en su momento Fidel Castro. Y poco ha sido el caso ante tal disposición.
Estamos frente a un ajedrez definitorio que con unas tablas ambas partes se conformarían y así evitar un vencido y otro derrotado. Ya lo dijo Xi en el banquete, que era mejor tenerlos de socios que no de rivales.
(Tomado de El Boletín)


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