Vamos  a ser objetivos

Leo Karim /La Habana

Vamos a ser objetivos: en toda negociación, si se quiere llegar a algún acuerdo o entendimiento para evitar el peor escenario, algo hay que ceder.

El gobierno cubano tiene la obligación de buscar la mejor alternativa de vida para su pueblo sin traicionar su historia, sin lesionar su soberanía. El reto es monumental, pero no imposible.

La visita del director de la CIA, John Ratcliffe, a La Habana el 14 de mayo de 2026 no fue un hecho aislado. Fue la materialización de una realidad incómoda: Estados Unidos también necesita gestionar esta crisis, aunque le duela admitirlo. Y en ese resquicio, pequeño pero real, Cuba puede moverse.

Voy punto por punto, separando los hechos de la especulación, y explicando cuáles son las cartas reales que tiene La Habana para ceder sin rendirse.

1. Lo que sí pasó (y lo que no)

Ratcliffe se reunió con altos funcionarios cubanos. El mensaje de Trump fue directo: EE.UU. cooperará en economía y seguridad solo si Cuba implementa «cambios fundamentales». Sin detalles públicos sobre cuáles.

Cuba respondió con hechos: no es una amenaza para EE.UU., no alberga terroristas ni bases extranjeras, y no hay razones legítimas para mantenerla en la lista de países patrocinadores del terrorismo.

2. Las cartas fuertes de Cuba (lo que sí tiene sobre la mesa)

A pesar de la asfixia económica, del bloqueo energético, de la caída del petróleo venezolano, de la guerra que desgasta a Rusia y de la lejanía de China (solo apoyo político, no militar), Cuba conserva varias bazas reales:

a) La contención migratoria como escudo geopolítico

Una crisis migratoria masiva desde Cuba sería un desastre para Trump (37% de aprobación, elecciones de medio término a la vista) y un suicidio político para Marco Rubio (aspiraciones presidenciales 2028, ya dañado por el fracaso de Irán). La comunidad cubanoamericana apoya la línea dura, PERO RECHAZA LAS DEPORTACIONES MASIVAS. Esa grieta es más ancha de lo que parece.

Cuba lo sabe. Por eso mantener el orden migratorio no es solo política interna, es un elemento de disuasión. Si el bloqueo total colapsa los servicios y la gente se lanza al mar, los responsables serán quienes provocaron el colapso, no quienes lo sufren.

b) El respaldo internacional (aunque no todo el que quisiéramos)

165 países votaron contra el bloqueo en la última ONU. México, a pesar de las presiones, sigue enviando ayuda humanitaria y defendiendo el acuerdo de médicos. China y Rusia mantienen su respaldo diplomático. No es una alianza perfecta, pero es un colchón que impide el aislamiento total.

c) La movilización popular real

Más de 6 millones de firmas contra una agresión militar. Masiva participación en el Primero de Mayo. El pueblo no está derrotado. Y eso, aunque no aparezca en los grandes titulares, es un dato que la CIA se llevó en sus maletas.

d) La verdad sobre la lista del terrorismo

Cuba presentó pruebas: no alberga terroristas, no tiene bases extranjeras, no representa amenaza. Esa verdad es incómoda para Washington, pero está documentada. Y es la base para exigir la salida de esa lista, que es la mayor arma financiera del bloqueo.

3. ¿Qué puede ceder Cuba sin perder soberanía? (Este es el pollo del arroz con pollo).

Aquí viene lo más delicado. Decir «no cederemos nada» suena bonito en un discurso, pero en una negociación real, con un pueblo sufriendo apagones de 22 horas diarias (y más ), sin combustible y con un horizonte de probable soberania energética en el 2050, la intransigencia absoluta también tiene un costo.

El arte está en ceder sin rendirse. Algunas vías posibles como lo veo yo:

· Aceptar la ayuda humanitaria de los $100 millones canalizada por la Iglesia Católica, sin que eso signifique un cheque en blanco. Exigir transparencia y que no se use para manipulación política.
· Permitir inversiones estadounidenses en sectores no estratégicos (turismo, agroindustria) una vez que se alivie el bloqueo, no antes. Nunca en salud, defensa o comunicaciones.
· Moderar el tono retórico sin cambiar la esencia (Solo si hay cambios significativos que alivien la realidad cotidiana cubana). No cuesta recursos, y puede abrir puertas diplomáticas.
· Negociar una compensación mutua: sí insisten en discutir indemnizaciones por nacionalizaciones, pero con la condición de que se contabilicen los daños del bloqueo (más de 1.5 billones de dólares según la ONU). Si no aceptan, queda claro quién no quiere diálogo justo.

Lo que no se puede ceder es la soberanía digital (Starlink sin control), el sistema político de partido único, ni la defensa nacional. Esas son líneas rojas.

4. Las contradicciones del otro lado (que también son nuestras ventajas)

Trump y Rubio no son aliados perfectos. Tienen miedos e intereses divergentes:

· Trump necesita una victoria en política exterior, pero el caos migratorio desde Cuba sería un desastre electoral.
· Rubio aspira a la presidencia, pero su exigencia de «cambio de régimen» choca con el temor a una crisis humanitaria que le explote en Florida.
· La comunidad cubanoamericana apoya la línea dura, pero rechaza las deportaciones masivas. Esa fisura es real.

Cuba puede aprovechar esas grietas no para confrontar, sino para desgastar negociando: pequeñas concesiones que no toquen la soberanía, a cambio de oxígeno real, mientras se espera que el ciclo electoral estadounidense traiga nuevos vientos.

El gobierno cubano tiene una responsabilidad inmensa: mejorar la vida de su pueblo sin entregar la independencia. No es una tarea fácil, sobre todo cuando del otro lado hay un imperio que no negocia de buena fe.

Pero la historia de Cuba está llena de ejemplos de cómo se puede ceder tácticamente sin rendirse estratégicamente, sino no hubiésemos sobrevivido casi 7 décadas de guerra no convencional sin doblegarnos.

La visita de Ratcliffe no es el final del camino. Ahora toca moverse con inteligencia: ceder lo accesorio, defender lo esencial, y nunca confundir la negociación con la rendición.

Cuba puede hacerlo. No es la primera vez. Y no será la última.

Ni un paso atrás en lo fundamental. Pero con la inteligencia de saber que a veces, para avanzar, hay que ceder terreno sin perder el rumbo.

 (Tomado del facebook del autor)

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