NADIE, O CASI NADIE ESCAPA

Foto. José María Bendicho

Manuel Juan Somoza/La Habana

La ecuanimidad y hasta el optimismo están a prueba una vez más en Cuba: el sistema electro-energético nacional vuelve a equilibrar sobre el colapso, sin que al país le quedan reservas de combustible, ni atisbo de esperanza a corto plazo.

Hay que sufrirlo para comprender lo que significan 24, 48 y hasta 72 horas consecutivas sin electricidad, su impacto demoledor en la economía, la cotidianidad y en la siquis de las cubanas y cubanos que sobreviven como acorralados en una GUERRA CIERTA impuesta desde Estados Unidos, aunque no haya sonado un disparo.

Casi nadie escapa a los efectos de ese ABLANDAMIENTO AGUDIZADO DESDE ENERO, cuando Trump dictó el cerco petrolero en curso.

Los ánimos se crispan y surgen de pronto lo peor y lo mejor de cada quien. Aquel que hoy discutía a gritos y con puñetazos sobre el mostrador por un vuelto incompleto; el que respira hondo, deja a un lado la falta de sueño y pone su moto eléctrica a disposición del vecino octogenario con asma, a fin de llevarlo al hospital; y quienes queman la basura desbordada en cualquier calle, en petición desesperada a las autoridades para que hagan el milagro de traer la normalidad al barrio.

Víctor V. Koronelli, Embajador de Rusia en La Habana, ratificó hace pocos días que Moscú “mantendrá su apoyo” a la Isla, pero acto seguido apuntó que “otros países debían reaccionar” de igual manera.

El diplomático respondió así a una pregunta muy cuidadosa de la tv nacional que encerraba, sin decirlo, la esperanza de que pudiera repetirse la experiencia del petrolero ruso que, al parecer autorizado por Wáshington, trajo combustible a la isla e hizo vivir a los cubanos con electricidad durante dos semanas. Es el único tanquero que ha entrado en cuatro meses.

¿La llegada de un segundo barco ( ruso o no y de momento inexistente) , podría indicar el reinicio de conversaciones entre Wáshington y La Habana? No tengo una respuesta conclusiva, PERO SOSPECHO QUE SÍ.

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