Manuel Juan Somoza/La Habana
”¡Sí¡, pero esta crisis energética NO ES LA PRIMERA y comenzó antes de que Trump impusiera su cerco petrolero”, comentó el colega Roberto en referencia a los apagones en tiempos en que Marcos Portal encabezaba el sector, antes de la debacle de los años 90, cuando la caída de la Unión Soviética finalizó el suministro estable de petróleo.
Tiene razón Roberto, y vuelvo a evocar a economistas y académicos alertando al gobierno que invirtiera más en energía y en la rama agropecuaria (alimentos), y menos en el turismo, la llamada “locomotora de la economía”, ENTONCES con las instalaciones necesarias para recibir la cantidad de visitantes que jamás desembarcó en la isla.
Para mí, la controvertida Torre K, hotel levantado con “capital ciento por ciento cubano”, según se decía con orgullo, es un monumento a la ceguera política o a la arrogancia, que supongo trascenderá como las pirámides a los faraones egipcios.
Doy por descontado que debe ser dificilísimo dirigir con honestidad a un país en crisis como este, agredido durante seis décadas por la principal potencia militar del planeta, dispuesta ahora a darle el tiro de gracia a su soberanía. Pero ello NO NIEGA ESAS VERDADES QUE PARA MAL arrastra el proyecto cubano, las cuales utilizan Donald Trump y Marco Rubio, con CINISMO FRÍAMENTE CALCULADO, a fin de hacer creíble su narrativa de que el “régimen es incapaz de sacar a su pueblo de la miseria”. Jugada que AL MISMO TIEMPO OCULTA EL ALTO COSTO ACUMULADO de esa guerra silenciosa, aunque efectiva, QUE SUMA YA ¡64 AÑOS!
En tal agobiante realidad (seguimos en apagón en La Habana desde la tarde de ayer) , comienzan a contar quienes en la isla suponen que Trump y Rubio podrían ser la solución a sus múltiples carencias. Posición no generalizada, pero en ascenso, mientras la oposición -disidencia “pacífica”, se le dice- busca sacar partido, siempre en sintonía con Wáshington y los ultra conservadores Miami, pese a que su capacidad de convocatoria es casi nula a lo interno del país.
La contrapartida, no obstante, está presente y organizada en cada rincón de la isla, y la componen cientos de cubanos y cubanas que en silencio también se preparan para responden a la agresión militar anunciada por Estados Unidos, con la CONVICCIÓN DE QUE SI EL PAÍS VUELVE A SER PROTECTORADO YANQUI, habría que recomenzar la revolución a tiros.
O al menos, así lo veo hoy, en otra jornada entre tinieblas.


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