Imagen tomada del sitio http://www.sherritt.com
Marco Rubio salió de hablar en el Vaticano con el Papa León XIV sobre “temas de interés común en el hemisferio occidental”, entre otros puntos.
Horas después el Departamento de Estado difundió el estreno del secretario de Estado y consejero de Seguridad Nacional como el zar de las sanciones contra Cuba.
El primer castigo bajo la nueva Orden Ejecutiva presidencial 14404, del 1 de mayo, cayó sobre el corporativo militar cubano Grupo de Administración Empresarial SA (GAESA) y su presidenta, la generala Ania Guillermina Lastres Morera.
Pero incluyó, además, un golpe sin precedente a los intereses de Canadá en la isla, a las puertas de la negociación del tratado comercial de América del Norte.
Aún antes de conocerse la sanción, la minera Sherritt había anticipado la catástrofe que se le venía encima. Cuando Rubio aún caminaba por los pasillos pontificios, la minera anunciaba su salida definitiva de Cuba y la renuncia de tres de sus ejecutivos.
“Sherritt no ha sido formalmente designada bajo la Orden Ejecutiva. Sin embargo, esa designación puede ocurrir en cualquier momento”, dijo un comunicado de la empresa, casi cruzándose en el tiempo con la represalia.
La Orden Ejecutiva “crea condiciones que materialmente alteran la capacidad de la corporación para operar en condiciones ordinarias”, agregó.
Hasta el mes pasado parecía que el margen de agresión económica contra la isla ya era ínfimo, pero la Casa Blanca encontró la manera de construir tres nuevos objetivos.
Primero, la nueva Orden Ejecutiva entrega una gigantesca capacidad de decisión a Rubio. En consulta con el secretario del Tesoro, Scott Bessent, es quien tendrá que decidir qué personas extranjeras resultan sancionadas con el bloqueo de sus bienes en Estados Unidos, por incurrir en negocios con Cuba.
El bloqueo de bienes afectará a quienes operen o hayan operado en algunos sectores (energía, defensa, minería, servicios financieros) “o cualquier otro sector” de la economía cubana. El arco de posibles sancionados se abre hasta el infinito. La Orden Ejecutiva, la regulación correspondiente de la Oficina de Control de Activos Extranjeros del Tesoro (OFAC) y ahora las decisiones de Rubio, forman un laberinto de ambigüedades que permite numerosas inferencias.
Segundo, la Orden Ejecutiva lanza una fuerte amenaza de castigos a bancos que hayan realizado “transacciones significativas” para quienes estén sancionados (por ahora, GAESA y Sherritt y sus socios cubanos). Incluso con las regulaciones acumuladas durante casi siete décadas, nunca había existido una ofensiva tan desproporcionada contra operaciones financieras de terceros países en Cuba.
Tercero, ya sin fronteras en las represalias, Estados Unidos busca ahogar las escasas conexiones cubanas con la economía occidental. Está empujando a la isla a escalar su demanda de apoyos en Rusia y China, exactamente el escenario contrario al de la proclamada “Doctrina Donroe”.
La salida de Sherritt abre un hueco en la explotación de níquel y cobalto, con beneficio en la provincia canadiense de Alberta, que la empresa mantenía en el este de Cuba desde 1990, y que era una de las fuentes seguras de ingreso de divisas que aún quedaban en la isla.
Sherritt también dejará la asociación que tenía con empresas cubanas para la extracción de petróleo en los campos del norte y la operación de una planta de ciclo combinado, ambos emprendimientos vitales para la generación de electricidad.

Imagen tomada del sitio http://www.sherritt.com
La disposición del secretario de Estado anuncia nuevas represalias, con cualquier desenlace posible. Con Sherritt funcionó la sola amenaza. ¿Cuántas empresas de cualquier sector estarán valorando su estancia en la isla a estas horas? Una combinación de las nuevas regulaciones alcanza para identificar la venta de petróleo mexicano a Cuba en años recientes como una operación punible. Una potencial amenaza para la refinería Deer Park. ¿Hay ahí otra bala de plata contra la presidenta Sheinbaum?
Publicado originalmente en Reforma
(Tomado de Medium)


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