Jorge Gómez Barata/L Habana
Mientras los iranies se arriesgan a ser enviados a la edad de piedra en defensa de su uranio, en Venezuela, mansamente, autoridades de la Administración Nacional de Seguridad Nuclear del Departamento de Energía de los Estados Unidos completaron la recuperación de todo el uranio enriquecido al 20 por ciento en poder del estado venezolano. Según Brandon Williams, administrador de la entidad, “El retiro del uranio enriquecido envía otra señal de un país “restaurado y renovado”
Según trascendidos, el plan del presidente Trump y del secretario de estado Rubio para Venezuela, aceleró el retiro de este riesgo nuclear. Tras la visita del secretario de energía Chris Wright a Venezuela en febrero, la Oficina de No Proliferación Nuclear, trabajó con el Departamento de Estado en Washington y Caracas, junto con expertos del Reino Unido, así como con las autoridades “interinas” del Ministerio de Ciencia y Tecnología de Venezuela y el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), para preparar una evaluación del sitio, planificar y ejecutar la extracción.
La presencia de 30 libras de uranio enriquecido al 20 por ciento en Venezuela se explica por la operación de un reactor nuclear de investigación cuya construcción se inició en 1956 y concluyó en 1961, durante el gobierno de Dwight Eisenhower como parte del Programa Átomos para la Paz y operó hasta 1991 fecha en que fue cerrado. La construcción estuvo a cargo de General Electric de Estados Unidos.
En 1991, como parte del cierre de la instalación, la mayor parte del material radiactivo fue devuelto a Estados Unidos quedando unas 30 libras en calidad de ocioso, virtualmente un residuo nuclear. La inauguración fue realizada por el expresidente Rómulo Betancourt, la paralización por Carlos Andrés Pérez y la desactivación ordenada por el fallecido Hugo Chávez.
En 2010 Venezuela firmó un acuerdo con Rusia para construir dos nuevos reactores. El proyecto fue abandonado en 2011. Con la entrega del material restante, la actual presidenta, Delcy Rodríguez, ha puesto fin a la historia nuclear de Venezuela.
Las barras de uranio fueron extraídas del rector RV-1 que radicó en el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas, Reconvertido como Planta de Esterilización por Rayos Gamma (Pegamma), ubicado en los Altos Mirandinos, en el estado Miranda. El RV-1 se utilizó para pruebas de materiales, con una capacidad de 3 megavatios de potencia térmica. Como refrigerante utilizaba agua ligera. Es el único reactor nuclear que poseyó Venezuela y uno de los pocos que ha funcionado en América Latina.
Según se afirma, el personal a cargo de la operación cuenta con décadas de experiencia retirando material nuclear alrededor del mundo y asegurando que no pueda ser utilizado para acciones terroristas. Desde 1996, han retirado o confirmado la disposición final de más de 7.350 kilogramos (16.250 libras) de uranio altamente enriquecido y plutonio en decenas de países.
Cuidadosamente embalada en un contenedor especial, la carga nuclear se trasladó en un camión hasta Puerto Cabello donde fue embarcado en un buque especializado perteneciente al Nuclear Transport Solutions del Reino Unido en el cual llegó a Estados Unidos. De ahí fue llevado a Savannah River Site, donde será reprocesado para convertirlo en uranio poco enriquecido.
En realidad, la medida carece de significación política, científica o militar, excepto porque se trata de un episodio más del trágico desenlace del proyecto político bolivariano al cual, en días aciagos, la invasión estadounidense puso fin. Ante la tragedia nacional vivida por el pueblo venezolano, el uranio es lo de menos. Allá nos vemos.
(Tomado de el diario ¡Por esto!
Confisca Estados Unidos uranio enriquecido en Venezuela


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