A la espera del USS Abraham Lincoln con sus 3.200 libertadores

Foto: Julio A Larramendi

La incertidumbre crece en Cuba entre advertencias de intervención y la rutina de una crisis que no da tregua.

Aurelio Pedroso/La Habana

Conocedores y estudiosos imparciales del actuar de Donald Trump aseguran, paradójicamente, que además de consumado mentiroso, cumple con todo lo que promete. Es de pensar, entonces, que en cualquier momento pudiera ordenar una aventura bélica contra Cuba una vez finalizado, como él ha sostenido, el caso Irán.

Y según su secretario de Estado, Marco Rubio, este martes anunció el fin de las hostilidades militares en Irán.

¿Mi opinión? Lo creo capaz de cualquier acción pese a las advertencias rusas y chinas.

Tarea y deber de los militares profesionales cubanos estar en sus puestos, atentos a cada minuto, a la espera de abrir fuego contra un enemigo que tal parece desear marearlos ante tantas y frecuentes amenazas.

En paralelo, la gente en la calle, aunque muchos ya saben qué hacer en caso de agresión, se concentra en enfrentar las dificultades del día a día, que son innumerables en todos los puntos cardinales.

Entretanto, aquellos cinéfilos dependientes de lo que puedan ofrecer los canales oficiales de televisión que, dicho sea de paso, hace rato no exhiben filmes de guerra estadounidenses, han debido contentarse con la reciente cinta rusa Kalashnikov (AK-47).

Un grupo de jóvenes se reúne para tocar música en una manifestación en Cuba. Foto de Julio A Larramendi

El filme ruso, de una hora y 44 minutos, del año 2020, es un drama biográfico del inventor de ese afamado fusil de asalto, Mikhail Timofeevich Kalashnikov, que cuenta los pasajes más importantes de su vida, aunque omita que el personaje viajó en su momento a Cuba para recibir tratamiento médico.

En Cuba, como casi en todos los países, no existen las casualidades. La película tenía su objetivo más allá del entretenimiento.

Aquí, en la isla, nadie quiere la guerra. Los veteranos de antiguas conflagraciones fuera de ella, ya son ancianos. Conocen en carne propia sus efectos. Los novatos, así tengan grados de coroneles y hasta generales saben del precio a pagar, que lo mejor es evitarla.

Al tiempo habrá que sumarle el resultado de las secretas conversaciones para entonces tener más cerca aún una posibilidad o la otra. Al parecer, no son muchas las opciones.

(Tomado de El Boletín)

  •  

Deja un comentario