Manuel Juan Somoza/La Habana
Es inevitable, los cubanos se burlan de sus desgracias y hasta de la muerte.
Es probable que los sociólogos tengan tipificada esa conducta, que para mí sobrepasa ideologías, razas o sexos: es una manera de ponerle cara a la vida y proseguir la marcha; es como una válvula de escape con la que se nace. Ni se compra ni se importa.
El uno de mayo, el presidente Donald Trump lanzó su penúltima amenaza y aunque no dudo de que en este mismo instante ya haya pronunciado al menos 20 más, las reacciones fueron inmediatas.
“Cuando regrese de Irán, tal vez hagamos que el portaviones USS Lincoln desembarque y entonces se rendirán”, dijo el gobernante en referencia a Cuba y quienes le siguen el jugo iniciaron una campaña mediática de proporción mundial dirigida a subrayar las capacidades destructivas del navío.
Las autoridades cubanas condenaron la “RETÓRICA BELICISTA” con el lenguaje serio de los gobiernos, pero en las redes y en las calles de la isla cundió la burla e imperó la jodedera:
Que si el navío es de propulsión nuclear y viene bien para atraparlo y reforzar la maltrecha generación eléctrica en el país; que hace falta que se acerque lo más posible para quitarle hasta las tuercas que también escasean en la isla: que si terminará siendo un nuevo Titanic; y otro largo etcétera de burlas.
No creo que el chiste y la jarana, en este caso, reflejen inmadurez o insensibilidad. Dudo que alguien aquí desconozca la dramática encrucijada en la que Washington ha puesto al país. Es simplemente una manera de responder.
En lo personal , y lo he retirado, pienso que la prepotencia ha llevado a Trump a amenazar tantas veces, que ALGO TENDRÁ QUE HACER, cuando su popularidad baja en EU por el estado de la economía, cuando los republicanos temen lo peor en las elecciones de medio término, y cuando entre sus votantes, los cubano-americanos de extrema derecha solo se contentarán con sangre.
“Hay una cosa que NO NOS GUSTA, ¡NO NOS GUSTA QUE NOS AMANECEN! ”, proclamó Fidel Castro alguna vez y muchos cubanos todavía parecen sentir lo mismo.
Pero hoy es domingo, los chistes siguen a expensas de un tipo al que le irrita que se burlen de él, hay tranquilidad en La Habana, y las cubanas y los cubanos, HARTOS DE TANTAS DECLARACIONES, siguen con sus vidas.
(Esta foto es REITERACIÓN de siete cubanos en una columna de “faplas”, haciendo lo que debieron hacer por la independencia de Angola. ¿Qué harían en estos días y los por que están por venir en aras de la soberanía nacional?)


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