SE NOS FUE ABRIL

Manuel Juan Somoza/La Habana

Termina el cuarto mes de un año que, según Washington, será “el último de la Revolución cubana”, y se nos va sin que por suerte ocurrieran los bombardeos esperados, con algo de normalidad en el servicio eléctrico por el sorbo de petróleo ruso que llegó en medio del cerco, pero también con la incógnita de lo que ocurrirá mañana.

Viven los cubanos en su isla entre la escasez de casi todo lo imprescindible, en medio de una inflación que reduce a la mínima expresión salarios y pensiones, reinventándose en cada amanecer con vistas a NO morir antes de tiempo y en el mismo centro de una descomunal campaña mediática que exacerba odios.

Hay mujeres que han decidido parir en sus casas, como en tiempos de las comadronas, pese a que Cuba fue capaz durante décadas de llevar sus servicios médicos a más de medio centenar de lugares del planeta, en opinión de la Organización Mundial de la Salud.

Los hospitales, TODOS GRATUITOS, práctica solo posible en contados países altamente desarrollados (EXCLUYENDO A EU, por cierto) y frutos de una Revolución condenada al exterminio, buscan no llegar al colapso final gracias a la entrega de médicos, enfermeras y demás especialistas, apoyándose en paneles solares montados a la carrera con ayuda de China.

Dantesco panorama que en opinión de Donald Trump y los suyos reafirma que “el socialismo es un fracaso”; cruel realidad que desanima hasta al más empecinado optimista; resultado de una maniobra vil que aprovecha a favor de los trumpistas las deficiencias estructurales y los errores cometidos por los dirigentes cubanos desde hace demasiado tiempo.

Y sin embargo, en apariencia, SOLO EN APARIENCIA, la vida sigue su curso habitual. La gente va a trabajar, como en cualquier país de la aldea, aunque el transporte público sea un deseo y pese a que la efectividad de ese quehacer dependa de los apagones que volverán a aumentar en mayo, si no entra a la isla más petróleo.

Las escuelas de primera enseñanza -también las que protegen a niños con discapacidades- se mantienen abiertas y funcionando, los restantes niveles de enseñanza , hasta las universidades, operan repartidas por municipios, con la guía de profesores residentes en los barrios y un sistema de apoyo montado centralmente vía internet, que tampoco escapa a los caprichos de la luz eléctrica.

Los teatros están activos, proponiendo obras clásicas o recreando o burlándose de una realidad nacional que tampoco a los artistas le es ajena; cada fin de semana hay un bailable en plazas públicas; las redes están desbordadas de pronósticos y opiniones a favor o en contra de doblegarse ante el Norte; en silencio se prepara la defensa de cada barrio, ante un ataque que solo olvidan los incautos; y, según informes extraoficiales, ya suman más de un millón las cubanas y cubanos que han jurado, con sus firmas, DEFENDER LA PATRIA Y LA PAZ.

Así es despedido aquí el cuarto mes de otro año maldito y así se anuncia mayo.

Deja un comentario