“No os asombréis de nada!”

Manuel Juan Somoza /La Habana

Créanme que cuando suena la conga, la guaracha o un buen son a lo VAN VAN, se me escapan los pies, aunque sea “zurdo de los dos”, como suele decirme Vivian, quien sí sabe disfrutar con cualquier ritmo.

Estremecerse con esa musicalidad, no tengo duda alguna, es característico de las cubanas y los cubanos, lo mismo vivan en la isla que en Barcelona o Alaska.

Así somos para bien o para mal, así gozamos cuando los agobios hacen llorar a otros. Somos un ajiaco de culturas que nos lleva incluso a no llegar o a pasarnos, como descubrió desde su tiempo el insigne general Máximo Gómez.

Y solo situándome en esa mescolanza de orígenes y sensaciones puedo asumir lo que ocurre en torno a esta isla bendita, que ha vuelto a ser noticia mundial por la voracidad de un presidente ególatra, Donald Trump, y de un secretario de Estado que JAMÁS HA SIDO CUBANO, Marco Rubio.

Sí, porque resulta que mientras aquí buscamos la manera de defender nuestra soberanía – sin desconocer los 10 mil errores cometidos- y sobrepasar un cerco establecido por Trump, que aprieta cada cuello sin que importen edad, sexo o creencias políticas, en Miami, donde viven otros miles de cubanos, se reparten cargos para administrar la isla después que la arrasen los marines.

Ya se habla incluso de una cubana joven, dicen que recién llegada al “exilio”, que ha lanzado su candidatura presidencial con vistas a la república que imagina y ha creado un nuevo partido político -Liberal-Ortodoxo-, recreando, no sé si con conocimiento histórico, los tiempos de “¡Aé, aé, aé la chambelona!” y de aquella consigna de “¡Vergüenza contra dinero!” que en los años 50 del siglo pasado aunó el idealismo juvenil, convirtiéndolo en catapulta de la Revolución de Fidel Castro, paradójicamente “El diablo” para los cubano-americanos que controlan a esa Ciudad del Sol.

Y como si no fuera suficiente el arrebato de la joven, que supongo habrá jurado también “¡Seremos como el Che!”, de niña, y ha sido fuertemente criticada por quienes se consideran parte de los “opositores auténticos”, leí que un señor, vestido con traje sastre bien cortado y corbata inmaculada, se ha propuesto, además, como futuro Gobernador de La Habana.

No agrego más, porque resulta evidente que la promesa de Trump de que ocuparía a Cuba “cuando quiera” ha alborotado el folklore político en Miami y no dudo que en cuestión de horas surjan nuevas propuestas de cómo organizarían desde allá la república que suponen le entregarán los Delta Force.

¡No os asombréis de nada!*

(referido al poema de Manuel Navarro Luna)

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