Parque Lenin en La Habana (Cuba)
El aniversario de Lenin revive la huella soviética en Cuba entre memoria histórica y necesidades energéticas actuales.
Aurelio Pedroso/La Habana
Para los que tuvimos la oportunidad de estudiar y enamorar en ruso, dar las gracias nos facilita una pronunciación tan perfecta que no admite equívocos.
Y esto ocurre cuando precisamente se conmemora en la isla el 156 aniversario del nacimiento de Vladímir Ilich Lenin este 22 de abril. Nada mejor que hacerlo en el ultramarino poblado de Regla, de gran tradición obrera, donde un alcalde liberal, doctor Antonio Bosch, bautizó Lenin a una colina de la comarca cuando Cuba era capitalista de pies a cabeza, además de sembrar un olivo en honor “al gran ciudadano del mundo”.
Durante largo tiempo, desde 1927, una pequeña lancha cruzaba pasajeros de un lado a otro de la bahía habanera. Su nombre: Lenine.
Fervoroso aquel alcalde que apoyó a los trabajadores e hizo levantar un monumento en el parque donde un forzudo obrero mandarria en mano y en cueros representaba el poder de la naciente clase proletaria en el más puro realismo socialista.
El monumento fue develado en acto solemne muy probablemente con la banda municipal entonando, tibias tumbadoras incluidas, alguna melodía bolchevique. Y cuál no sería la sorpresa para refinadas y escrupulosas damas, el contemplar los enormes testículos del obrero al aire con olor a salitre.
Comenzaron las críticas a la alcaldía y prohibiciones a las señoritas que paseaban por el parque para detener la vista en aquellos descomunales colgajos de puro bronce. Persistente la autoridad por mantener el monumento, no tuvo mejor ocurrencia que mandar a cercenar los testículos y ahí está como una curiosidad cubana, el obrero defenestrado. Algunos historiadores, como el ya fallecido Lino Betancourt aseguran que es única en el mundo.
El reciente acto debió ser en la colina Lenin, junto al busto del líder soviético y no en el parque con el inconmovible obrero castrado a fuerza de soplete. No pocos de los presentes debieron agradecer ese gesto ruso, no soviético, con un sentido “Balshoe spasiba” (muchas gracias) por hacernos llegar petróleo para generar electricidad y poder disfrutar, como antaño, el estar frente a un ventilador refrescándonos la cara y también la cabeza que ya comienza el calor…
(Tomado de El Boletín)


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