La foto recuerda la multitud que, BAJO AGUACERO, despidió a los cubanos que murieron combatiendo en Venezuela, el 3 de enero)
Manuel Juan Somoza/La Habana
La penúltima semana de abril se aproxima al fin y los cubanos arrastran más preguntas que respuestas en cuanto al futuro de ellos, de sus descendencias y del país en que nacieron y decidieron vivir.
Supongo ocurra algo parecido en Irán, El Líbano y Palestina, en guerra permanente, así como en esa franja en disputa a tiros y bombazos entre Ucrania y Rusia. Son los conflictos más sonados en la aldea, suficientes para que la dicha de la estabilidad global vuelva a ser un eufemismo.
En la isla hay interrogantes que se sostienen en el tiempo: “¿entró la metformina a la farmacia?”, preguntan los diabéticos como parte de esa rutina que establece la falta de medicamentos; “¿entró algo a la bodega?”, indagan con vistas a saber si contarán con algunos de los pocos alimentos que el Estado comercializa a bajos precios mediante cartilla de racionamiento.
Y a las interrogantes con las que conviven desde que sobrepasaron con vacunas propias la pandemia de COVID-19, han debido adicionan otras, desde enero pasado:
“¿Hasta cuándo durará esta dicha de tener luz eléctrica?”, se preguntan, mientras el gobierno alerta que la estabilidad demanda SIETE BARCOS MÁS mensualmente que el que Rusia hizo llegar a la isla, pese al cerco tendido por Donald Trump después de atacar a Venezuela el 3 de enero y detener los suministros de combustibles, dejando a su suerte a los cubanos.
Son preguntas cuyas respuestas comprometen la vida y los sueños de cualquier país. Son interrogantes convertidas en antesala de una MAYOR Y DECISIVA: “¿Llevará Trump a la práctica sus anuncios de atacar e imponer el rumbo que le conviene?”.
Y como siguen también en falta las respuestas convincentes, los cubanos buscan las maneras de vivir con ganas, aunque cuenten ya quienes se quedaron si deseos, y en mayoría -puedo ser categórico- se aferran a la idea de que “algún día la tortilla dejará de estar al revés, sin intervención yanqui”.
Son testarudas estas gentes y ahora les ha dado por suscribir con nombre, número de identidad y firma un documento que establece el compromiso de DEFENDER LA PATRIA Y LA PAZ a cualquier precio, mientras se saben vigilados cada hora que transcurre por los satélites y los drones militares del Norte y, con lo que tienen, se preparan para lo peor.
Trump, seguramente, ni se ha enterado de las firmas y los cubano-americanos ultra conservadores, los que piden la invasión de los marines, hacen lo que saben hacer, amenazar a los firmantes.
Así avanza el día 23 de abril, entre más preguntas que respuestas, y sin que NADIE EN LA ISLA sepa con seguridad lo que ocurrirá mañana.


Deja un comentario