CUBA PENETRA EN LA ÚLTIMA MITAD DE ABRIL ENTRE LA ECUANIMIDAD Y EL DESESPERO

Manuel Juna Somoza/La Habana

Desde el 13 de abril, al menos en mi barrio del oeste de La Habana, la luz eléctrica no alcanza para disfrutar de una buena afeitada, ni a fin de ahorrar el poco arroz con que se cuenta, echando mano a esa olla eléctrica concebida para que lo poco devenga más.

Sobrevivimos con cinco o siete horas de corriente -por lo general en tramos de la mañana y la tarde- y en medio de esa estremecedora oscuridad que domina cada noche y madrugada.

Por ello escribo a máxima velocidad a fin de que mi crónica salga rápido. He consumido una hora de luz en otras urgencias cotidianas. (Irrumpió el apagón, debo esperar).

En enero, Donald Trump prohibió la entrada de petróleo a la isla, llevando a proporciones caóticas la crisis energética que venía sufriendo Cuba por una combinación de factores que van desde esa guerra económica que Washington mantiene desde hace más de 60 años, hasta la falta de previsión de los mandantes en el país para, en los mejores tiempos pasados, haber hecho en el sistema electro-energético nacional lo que hacen hoy a la carrera en materia de inversiones, mantenimientos y desarrollo de alternativas renovables.

En el decir militar, el ahogo decretado por Trump es un “ablandamiento” de las capacidades de defensa y resistencia de los cubanos sin apelar, de momento, a la artillería o a los bombardeos aéreos que siempre anteceden a cualquier ofensiva.

Y en el caso actual de Cuba, esa ofensiva correría a cargo de las fuerzas armadas estadounidenses en el decir y la esperanza de los cubanos-americanos que en Miami aguardan el momento de mandar ellos y traer la libertad que invocan, después de pasar la cuenta.

A partir de enero, solo un buque petrolero, ruso, ha logrado entrar a mi país, ningún otro suministrador se ha atrevido a desobedecer a Trump (la decisiva fuente venezolana dejó de existir tras el ataque del 3 de enero) , y en la isla hasta los escépticos esperan que en los días que quedan de abril, el crudo ruso sea convertido en diésel o gasolina con vistas a reanimar un poco la maltrecha economía y hacer menos persistentes los apagones, según lo anunciado oficialmente.

Es así el día que avanza, mientras los noticieros nacionales acuden a las consignas de combate –“¡Aquí, NO se rinde nadie!”- , a la exaltación de los paneles solares instalados de urgencia en un hospital o en un hogar de ancianos (los sectores donde el cerco impuesto además de cínico es criminal) o al recuerdo de que en días como estos, en 1961, las cubanas y cubanos de entonces enfrentaron hasta vencer en Playa Girón (Bahía de Cochinos) una invasión anticastrista organizada por la CIA, que también pretendía traernos “libertad”.

Trump ha puesto patas arriba a la aldea en la que convivimos los humanos y Cuba no escapa de esa verdad.

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