Díaz-Canel y la NBC

Manuel Juan Somoza/La Habana

En el ejercicio del periodismo he aprendido que cuando se entrevista a un político sus respuestas deben asumirse con cautela y hasta con suspicacia por aquello de que muchas veces lo que más cuenta es lo que no se deja ver.

El presidente Miguel Díaz-Canel se ha dirigido dos veces en pocos días a los estadounidenses a través de medios de alto impacto en la Unión, en momentos en que la suerte de Cuba parece signada, quizá como nunca antes, por las tres fuerzas entre las cuales se ha movido la soberanía nacional desde el triunfo de la revolución en 1959:

Los sucesivos gobiernos demócratas y republicanos que, desde Washington, NUNCA aceptaron otra opción social en la isla que se apartara de la trillada en el continente bajo su control. El inicial exilio cubano tras la caída de la dictadura de Fulgencio Batista, devenido comunidad cubano-americana de Miami, ávida durante décadas de retomar la administración del país por revancha o intereses económicos. Y los partidarios de la Revolución, que sumando generaciones insisten en mantener el rumbo socialista trazado horas antes de la frustrada invasión anticastrista por Playa Girón (Bahía de Cochinos), organizada por la CIA en 1961.

La NBC hizo algunas de las muchas preguntas que interesan a su audiencia -a mis colegas de la prensa nacional les correspondería preguntar sobre las zonas oscuras en la isla- y Díaz-Canel respondió dirigiéndose a los estadounidenses y a sus mandantes con argumentos CIERTOS, instando una y otra vez al diálogo y a la paz, al tiempo que reiteró a igual nivel la disposición a defender a cualquier costo el camino iniciado hace 67 años.

Es muy pronto para medir el impacto de esas declaraciones allá y aquí. A mi entender, sin embargo, una de las tres fuerzas en larga pugna ha hablado todo lo claro que se puede permitir cualquier presidente de un país convertido en diana de la principal potencia militar del planeta -desbocada en estos tiempos-, a partir de una concepción defensiva tan válida como la constante preparación militar de la isla.

Y eso, pensando en la audiencia principal de la entrevista, está POR ENCIMA de los errores que cubanas y cubanos le señalan al gobierno nacional desde la academia y las calles, sobre todo, en cuanto a la rapidez y profundidad de los cambios estructurales y económicos que demanda el país.

O al menos, así lo veo en esta parte del oeste de La Habana, mientras se nos fue otro fin de semana en calma y con más luz que las tinieblas imperantes la semana anterior.

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