EN CUBA, HASTA RESEÑAR EL DÍA A DÍA ES RETO INMENSO

Manuel Juan Somoza/La Habana

El cerco petrolero ordenado desde Washington va cumpliendo su objetivo de asfixia: la generación de electricidad, que se sostiene con viejas termoeléctricas capaces de quemar crudo nacional (alto contenido de azufre) y los paneles solares montados en 2025, está en el límite más bajo y las desconexiones del sistema electro-energético, inevitablemente, volverán.

Por esa razón, mi barrio se estremeció por día y medio sin electricidad entre el miércoles y el jueves pasados, y en esas circunstancias dramáticas, el presidente Trump afirmó irónico que cuando termine su guerra contra Irán se encargará de Cuba. ¿A cohetazos?

Redacto esta crónica en la mañana del viernes sin saber si los apagones permitirán transmitirla, aunque puedo asegurarles que la vida en este país, diminuto y digno, no se detiene, pese a las calles vacías de ómnibus urbanos y a los muchos kilómetros a caminar con vistas a llegar a las escuelas de primera enseñanza (las únicas abiertas, el resto es estudio a distancia) o a realizar cualquier gestión cotidiana o impostergable, como comprar alimentos o medicinas.

En los últimos días, no obstante, se han propiciado como nunca antes las alianzas entre los sectores privado y estatal a fin de producir alimentos y, a pesar de los precios disparados, crecen ofertas callejeras de granos, viandas y hortalizas. Algo para llevarse a la boca, porque tampoco hay divisas fuertes que permitan importar.

Las carnes de res y cerdo son lujo de bolsillos pudientes, del pescado y los mariscos mejor ni hablar, en tanto la leche y sus derivados solo se encuentran en venta libre en los comercios privados, usted imaginará los precios.

Por otro lado, con apoyo de China e inversiones propias, son instalados a la carrera paneles solares en dispensarios médicos de barrios, en algunos centros productivos y en hogares de ancianos pensionados, al tiempo que el gobierno comienza a dar facilidades de pago para montarlos incluso en casas particulares.

Es lo mucho o lo poco que se hace en esta plaza sitiada y así han ido las cosas este viernes, cuando desperté con luz y recibí, además, otras dos buenas noticias.

La primera llegó desde muy lejos: “Abuelo, estoy avanzando con tu libro (Conmoción en La Catedral), pero tengo poco tiempo para leer. He leído los primeros 9 capítulos y hasta ahora la trama me tiene enganchada”. La segunda fue el restablecimiento de comunicación directa con Irene Selser -allá en México-, amiga entrañable, poeta y periodista.

Suficiente ese despertar a fin de reforzar el ánimo y continuar la marcha, sin imaginar entonces que transcurrirían 14 horas de tinieblas antes de poder emitir esta nota y desearles a todos, ¡BUEN FIN DE SEMANA!

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