Carlos Batista/Barcelona
En mis diarios andares por Barcelona, diviso en ocasiones la meseta costera de Montjuic, donde además de un Palacio (Museo de Arte), un castillo (fortaleza militar ahora turística) y otras instalaciones, está el principal cementerio de la ciudad, de sepulcros altos enclavados en las terrazas de la ladera, y me pregunto, ¿dónde está escondido Pablo de la Torriente Brau?
Periodista y escritor, Pablo marcó con su obra, y sobre todo con su historia personal, a mi generación, que un día tropezamos con sus libros allá en la década de los 60, en nuestra corta adolescencia. Nunca supe quien dejó en el librero de mi casa familiar de Holguín varios libros de Pablo recién impresos: Peleando con los Milicianos, el Presidio Modelo, y otros.
Quizás la pasión de esos reportajes y crónicas influyó en mí, y en que al final de algunas vueltas, terminé ejerciendo el periodismo, esa profesión que, al igual que Pablo, nunca estudié, pero que como dijo el Gabo, es “el mejor oficio del mundo”.
Pablo nació el 12 de diciembre de 1901, San Juan, Puerto Rico, y muy temprano su familia emigró a Cuba, y murió en combate 19 de diciembre de 1936, Majadahonda, cerca de Madrid, en plena Guerra Civil española, donde llegó como corresponsal del diario norteamericano New Masses y de El Machete de México y pronto se convirtió en comisario político de la brigada del Campesino, un legendario jefe militar republicano.
“He tenido una idea maravillosa; me voy a España, a la revolución española, en donde palpitan hoy las angustias del mundo entero de los oprimidos”, escribió desde Nueva York a su familia en Cuba, poco antes de partir.
Los milicianos muertos en ese combate de Majadahonda fueron sepultados en el cementerio de Chamartín, en Madrid, pero más tarde sus restos fueron trasladados a Barcelona, y ante la llegada de las tropas franquistas y la imposibilidad de salir hacia la isla, fue sepultado en Montjuic.

La premonición
Hay testimonios de que Pablo había pedido a sus compatriotas combatientes que si moría sus restos fueran repatriados a Cuba. En el entierro de Montjuic, su amigo, el poeta y también comisario político Miguel Hernández, recitó los conocidos versos de Elegía segunda, dedicados a Pablo.
Pasados los años y ante la imposibilidad de repatriarlo bajo el franquismo, el cuerpo fue sacado de su nicho y enterrado en una fosa común. Cuba ha hecho varias gestiones para su repatriación, pero los restos no aparecen, aunque han sido buscados por especialistas en Montjuic.
Quizás Pablo tuvo una premonición, pues Miguel Hernández recuerda en el poema:
“Me quedaré en España, compañero”,
me dijiste con gesto enamorado.
Y al fin sin tu edificio trotante de guerrero
en la hierba de España te has quedado.

Mi generación también conoció la poesía de Miguel Hernández gracias al disco que Joan Manuel Serrat le dedicó musicalizando sus poemas. Serrat, nacido y residente en Barcelona, aclaró en una reciente entrevista que cuando dice en su canción Mediterráneo:” Y a mí enterradme sin duelo Entre la playa y el cielo En la ladera de un monte más alto que el horizonte Quiero tener buena vista” se refiere a cuando sea sepultado en Montjuic.
Por eso, mirando Montjuic, me pregunto donde estará escondido Pablo, quizás disfrutando de la buena vista sobre la ciudad y el mar.


Deja un comentario