Cruzaremos la frontera de noche (IV)

Vivian Núñez y Manuel Juan Somoza/La Habana

Dejamos la base central y sus unidades aledañas, donde entrevistamos a militares marroquíes hechos prisioneros durante un reciente ataque a Birlehlú, hacia donde nos dirigimos en otros tres Land Rover que lucen todavía el escudo del reino, uno de ellos dotado con una ametralladora calibre 12,5.

Nos movemos en formación Delta, con el Land Rover del jefe en punta y los dos restantes avanzando a unos 50 metros de distancia por cada lado del guía.

La pretensión es continuar después hacia la frontera con Mauritania, bien al sur, haciendo un alto en algún punto de la costa atlántica, por lo que pasaremos semanas durmiendo a la intemperie, siempre acompañados por 21 saharauis muy jóvenes y expertos en sobrevivencia.

Birlehlú

Birlehlú nos dio una acogida fantasmal: cadáveres semi sepultados en la arena, uno de ellos con el uniforme desgarrado, la mitad del rostro cubierto de piel y la otra en hueso por la acción de los lobos. Restos de un vehículo blindado, obuses sin explotar, profundas trincheras en silencio y envenenado por los marroquíes antes de retirarse el pozo de agua que era centro vital de este lugar, donde comprobamos una de las concepciones tácticas de las guerrillas.

“Combinamos esta práctica con ataques a sus patrullas, ellos tuvieron que encerrarse en sus plazas fuertes (Smara, Dahla y El Aiún, capital del Sahara Occidental) y llegamos a cortar todo abastecimiento por tierra. Marruecos no cuenta con los recursos para controlar 266 mil kilómetros cuadrados” de desierto, nos había comentado el jefe del Frente Central y fue así, al menos, en los finales de la década de los 70.

Oumdreiga

La misma táctica comentada por Mohamed Lamine fue aplicada los días que siguieron en Oumdreiga, zona montañosa y más poblada de vegetación que las recorridas hasta ese momento, donde los F5 marroquíes comenzaban un ataque frente a nuestros ojos azorados.

Antes, los saharauis habían bombardeado el punto fortificado de Amgala con cañones de 75 y 106 milímetros, que “le quitamos al enemigo”, según los artilleros.

Los combates duraron cinco días. Se enfrentaron destacamentos unificados de los ejército mauritano y marroquí contra, al menos, un centenar de saharauis.

De nuestro lado tuvimos algunos heridos, ningún muerto. No pudimos contabilizar las bajas enemigas y a la noche escuchamos por radio la versión marroquí sobre la muerte de “200 mercenarios y combatientes argelinos, en enfrentamiento con nuestras gloriosas fuerzas”.

Rabat insistía en que eran militares argelinos y no saharauis quienes enfrentaban a sus tropas. Para el reino estas mujeres y hombres del desierto, simplemente, no existen.

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