Vuelven a chocar la política y el ron cubano

Manuel Juan Somoza/La Habana

-¡Esto es una mierda !- exclama sin saber lo que bebe a un compañero de aventuras pasadas, un agente de la inteligencia cubana que busca ponerse a salvo de la fuerza de tarea que lo persigue tras ser detectada su labor en Estados Unidos.

-Es añejo Bacardí- responde “Chico”, como solo le decían sus compañeros de la lucha a tiros contra la dictadura de Fulgencio Batista 40 años atrás, todavía sin reconocer al hombre que tiene parado frente a él en un bar-restaurante-club de su propiedad, situado en el corazón de Nueva Orleans.

En fracciones de segundos, el desconocido lo ha llevado a un pasado de revolución, comunismo y anticomunismo que creyó olvidado al irse de Cuba por desacuerdo con la alianza Habana-Moscú en plena Guerra Fría.

La escena forma parte de una novela-trhiller aún en fase de edición sobre la lucha al parecer infinita entre los servicios de inteligencia de Estados Unidos y Cuba, y al mismo tiempo, sin que sea su intención, desliza uno de los muchos temas de encontronazos entre Washington y La Habana.

Reflota la pelea entre Havana Club y Bacardí

Una agencia española de noticias reseñó el nuevo enfrentamiento en estos términos.

“Vuelve la histórica guerra del ron entre Cuba y Estados Unidos. A la aprobación de la ley “No Marcas Robadas Reconocidas”, recién firmada por el presidente Joe Biden, la cancillería cubana respondió con una enérgica condena”, dijo la agencia.

Agregó que el gobierno cubano considera la medida -contraria a que la marca cubana Havana Club pueda comercializarse en EU´- “coercitiva unilateral” y que refuerza el embargo-bloqueo de Washington contra la economía de la isla, la cual atraviesa el peor momento de su prolongada crisis económica.

A modo de conclusión dijo la agencia que con la nueva decisión de Biden “se amplía el alcance de la sección 211 de la Ley de Asignaciones para el año fiscal 1999, que, de acuerdo con el Órgano de Solución de Diferencias de la Organización Mundial del Comercio, infringe el sistema internacional de protección de la propiedad intelectual”.

El viejo encontronazo

Todo comenzó cuando hace más de 60 años la revolución cubana radicalizó su política económica, envuelta en las primeras disputas con el presidente Dwight D. Eisenhower, quien había prometido “resolver en seis meses” el desafío cubano.

Y como en la vida hasta tomarse un trago de ron puede devenir política, Bacardí apostó por el mandatario estadounidense a la espera de los seis meses.

Sin embargo, el plazo de Eisenhower se ha dilatado por más de medio siglo y Bacardí se transformó en financiador y grupo de cabildeo a favor de buena parte de las acciones directas y las políticas de Estados Unidos contra la isla.

Es una historia larga repleta de recovecos en los que no pretendo perderme, pero como me gusta el ron, sin hielo, y he probado las dos marcas como Dios manda, solo añado que para mí también el añejo Bacardí es más política y marketing, que calidad.

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