Carlos Batista/La Habana
Que cada cual festeje o se divierta, según sus posibilidades y sin molestar a los demás, me parece correcto y no lo critico. Aún cuando sean actos y costumbres nuevos, importados, sobre todo de esa numerosa comunidad cubana que vive y trabaja en Estados Unidos.
El domingo fui testigo visual de un Baby Shower, esos festejos tradicionales de Estados Unidos cuando viene un niño en camino, aún en el vientre de la madre, una especie de bienvenida anticipada.
Lo curioso de la celebración, que involucró a mas de medio centenar de personas entre niños y adultos, es que se celebró en los jardines de la Divina Pastora, con brindis después en el restaurante.
Creo que en el curso que va la sociedad cubana, y los imprescindibles cambios en la estructura de la economía, que ya urgen para salir de la crisis, hay que aceptar la presencia de personas adineradas, ricas, pudientes, como quiera llamársele, si su dinero es el resultado de negocios legales y eficiencia privada.
Lo que si me choca, es la mendicidad y los “buzos”, registrando y comiendo directamente de los tanques de basura de la esquina.
No hablo de los numerosos que piden dinero en la calle con ojos vidriosos y sin visibles problemas físicos, que buscan dinero para comprar bebida y drogas, “el químico”.
Hablo de ancianas y ancianos, con bastones y muletas, con una pequeña pensión mensual que no alcanza ni para comer un día, a los precios actuales, y que avergonzados, piden ayuda en la calle.
De una sociedad igualitaria durante décadas, estamos pasando a una de extremos, donde parece habrá gente muy rica y una amplia capa de miserables y menesterosos.
Y no es un problema para después. Los que trabajaron toda su vida y se rompieron el alma para levantar un país, “para cambiar esta tierra de una vez”, como la canción, están muriendo de necesidad, por mala alimentación y falta de medicinas.


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