Manuel Juan Somoza/La Habana
Que Cuba vive una crisis extensa y tozuda sin salida a la vista lo conocen desde los esquimales en Alaska hasta los sudafricanos en Ciudad del Cabo, y lo padece cada habitante de la isla.
Sin embargo, hay una gran incógnita. ¿Entrará en fase terminal la revolución cubana en 2025, cuando se espera mayor presión desde el Norte con Donald Trump al mando?
“¡De esta crisis saldremos como hemos salido otras veces en la historia de la revolución!, reitera el presidente Miguel Díaz-Canel y aplauden sus seguidores, muchísimos o muy pocos, quién puede saberlo.
En las calles y en la intimidad de las familias, empero, crecen la irritación y la dudas entre cortes constantes del servicio eléctrico, en una cotidianidad en la que es odisea hasta encontrar y adquirir duralgina (dipirona).
Las imágenes que trasmiten los medios oficiales son la de un país en plena actividad: cientos de personas -incluidos soldados- ayudando a levantar las provincias golpeadas por dos huracanes y un terremoto; Bienal de La Habana con profusión de artistas extranjeros y afluencia de público; congresos de temáticas variadas; y en diciembre otra edición del festival internacional del Nuevo Cine Latinoamericano.
“Nos quieren convencer que vamos bien”, dicen los escépticos
“Mire, la apuesta de mi vida ha sido la revolución y el socialismo”, dice Juan Manuel Ciriano, detiene su conversación varios segundos y remata: “Y la sigue siendo”.
Pero los 80 años vividos con sobrada plenitud para saber lo terca e insensible que es la vida, lo lleva a una conclusión dramática. “Me parece que en 2025 la revolución puede entrar en fase terminal y me preocupa mucho que corra sangre”.
¿Por qué tanto pesimismo?
“Porque prácticamente nada de lo hecho por este gobierno ha dado resultado para enfrentar la crisis y llegaremos a la nueva presidencia de Trump sin la preparación mínima posible”, responde Juan Manuel en referencia al mandato anterior y futuro del republicano, quien llevó a límites sin precedentes las sanciones a la isla, política que en esencia mantuvo el demócrata Joe Biden.
Los puntos de vista de Juan Manuel no son exclusivos e igual o de manera más apocalíptica lo comparten cubanos de varias generaciones, según ha constatado DDA en La Habana y otras provincias.
Economistas y académicos
La complejidad del momento se agudiza todavía un poco más cuando economistas y académicos, todos residentes en la isla, no dejan de pedirle al gobierno que atienda sus propuestas para remontar la crisis.
“¿TIENE EL GOBIERNO EL DERECHO A CONTINUAR NEGANDOSE A OIR Y DEBATIR PROPUESTAS DE ECONOMISTAS Y ACADEMICOS REVOLUCIONARIOS QUE CONTRIBUYAN A SALIR DE LA PELIGROSA CRISIS EN QUE SE ENCUENTRA LA ECONOMIA DEL PAIS?”, preguntó públicamente hace pocos días el ex ministro cubano Joaquín Benavides.
“Cuba es “una tabla sobre un mar violento”, muy cerca de su adversario y muy lejos de sus aliados, entramos en una época peligrosa”, consideró desde su cuenta en Facebook Julio Carranza, otro de los economistas cubanos que llevan una década esperando que sus propuestas -acertadas o no- puedan se al menos escuchadas por el gobierno.


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