Manuel Juan Somoza/La Habana
Lo llamaré Danilo para evitarle complicaciones, tiene 40 años, es médico de profesión, pero golpeado por la crisis que abate a los cubanos optó por iniciar un emprendimiento privado dentro de la ley. “Y me va super bien”, asegura sonriente.
Cuenta sus peripecias como joven médico. “Seguir embarazadas es una responsabilidad muy grande cuando no se tiene ni medicamentos y los jefes están arriba de ti azocándote (…) el salario no me alcanzaba para nada, bueno como a todo el mundo, y me lancé a esto”, agrega.
Danilo no es excepción, otros profesionales -incluido más de un científico- han optado por una variante similar, y mientras la conversación fluye entre ambos ratifico lo que he venido observando en la cotidianidad cubana, el dinero se impone por sobre valores que antaño parecían esculpidos en el alma de la Nación.
“Aquí el que tiene dinero abre cualquier puerta y si son dólares, óigame, se consigue hasta la luna”, afirma quien un día optó por salvar a otros, y no me queda más remedio que creerle.
El billete verde o su equivalente en moneda nacional a cómo esté el cambio en el predominante mercado informal -unos 320 pesos por usd- da acceso en hospital público, por sobre el montón de dolientes que esperan, a un especialista eminente; facilita las gestiones en un banco, en una notaría; asegura buen puesto y gasolina en las largas filas de automovilistas ansiosos; permite la compra en los comercios privados de la proteína que escasea; y hasta facilita la adquisición en La Habana de una planta eléctrica portátil “Made en USA”, para enfrentar con exclusividad los apagones sostenidos.
1961: Fidel Castro marca el rumbo socialista
El anuncio se hizo cuando era inminente la invasión por Bahía de Cochinos (Playa Girón) en 1961 y al menos dos generaciones se entregaron a hacer realidad ese futuro que suponían “luminoso”, siguiendo el modelo soviético, único vigente en el planeta entonces, hasta que la URSS reventó en pedazos y Cuba se hundió en la crisis de los años 90 del siglo pasado.
Así llegaron las primeras reformas, irrumpió en la vida nacional “el billete del enemigo”, se hicieron visibles los estratos sociales y una especie de pragmatismo ajeno a los discursos marcó a la muchachada de esos tiempos -entre ellos al ex médico Danilo-, que en buena medida encabeza hoy un éxodo sin frenos o al pujante sector privado.
Supongo que la nueva dirección del país conoce cómo se vive en las calles cuando reitera la voluntad de mantener el rumbo del 61, adaptándolo a las nuevas circunstancias nacionales y geopolíticas, pero el tejido social muta en dirección contraria.
¿Cómo se resolverá esa contradicción entre lo que se dice desde las tribunas y lo que ocurre en las calles?


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